martes, 19 de octubre de 2010

2010.10.19
Este fin de semana pasado nos hemos enterado de que la edad media de niñas y niños que ya están metidos en el alcohol y las drogas más o menos duras se ha situado en los trece años. Desconozco, ni puedo imaginar, cuales han sido sus reacciones -si es que las hubo-, pero les prometo que la mía ha sido de auténtica preocupación y, al mismo tiempo, de tristeza. Y es que no es para menos, ya que esa generación es la que tiene que reemplazar a sus propios padres: a aquellos que nos han reemplazado a nosotros.
Intentando averiguar dónde están los responsables de esta desintegración de la sociedad presente y futura, empezaré por nosotros mismos: los que procreamos y deformamos a los padres y madres de hoy. Y por mucho que intento devanarme los sesos, mi conciencia me dice que mi generación ha puesto todo el empeño del mundo para que nuestros descendientes siguiesen nuestro sentido de la moral y el respeto: base inequívoca de una sociedad equilibrada y respetuosa hacia cuantos y cuanto nos rodeaba. Sin embargo, y haciendo un acto de contrición, llegué a la conclusión de que hemos bajado el listón y les abrimos las puertas de la permisividad, sepultando una serie de valores que nunca debimos permitir.
Ante esta disyuntiva, nuestros descendientes se toparon de bruces con un mundo de libertinaje, propio de las sociedades decadentes. De ahí que sus hijos (o sea, nuestros infantes de hoy) hayan entrado en una espiral de la que no saben cómo salir, puesto que sus progenitores los han abandonado totalmente, hasta el extremo de no saber dónde se encuentran, con quien salen y adónde van.
Y como siempre, recurro a una serie de interrogantes:
Si la media de acceso al alcohol, las drogas y el sexo está en los trece años, ¿qué argumentos pueden darnos los padres de estas criaturas?. Fíjense que para obtener esta media es necesario aceptar que un porcentaje equis de ellas y ellos se lanzaron a la descomposición moral y psíquica, como mínimo, a los diez años.
¿Por qué se permite a nuestros infantes que falten el respeto a sus docentes y a las personas mayores?
¿Por qué se irrespeta la propiedad privada o de las comunidades, destrozando o pintándolo todo?.
¿Por qué dejó de existir un horario de comidas, cenas y de recogida hogareña, amén del que deben dedicar a sus deberes escolares?.
No sigo adelante por aquello de no caer en el aburrimiento, ya que soy consciente de que estoy predicando en el desierto. Pero la realidad está ahí. Y esos desorientados serán -querámoslo o no- los que nos reemplacen y guíen a esta Nación española por la senda de la descomposición social. Y todo ello, gracias a la deformación o al hastío de sus padres.
Ahora bien, no duden que el futuro les pasará factura... y sin piedad, para su desgracia... salvo que algunos presten atención a la alarma que está sonando en los oídos de todos nosotros.
Luis de Miranda

No hay comentarios:

Publicar un comentario