2010.10.11 (El Pilar)
Mañana por la mañana -si alguien no lo prohibe- los aragones y, concretamente, los zaragozanos, acudirán en masa a depositar su ramo de flores a la Patrona de Aragón y de la Hispanidad, la Santísima Virgen del Pilar.
Para quienes no han vivido en Zaragoza esta ceremonia -que se celebra en la gran plaza donde se hallan la Catedral de La Seo y la Basílica del Pilar- donde se instala una gigantesca atalaya, sobre la que se coloca una reproducción de la Virgen; ya que la original sólo mide 38 centímetros y descansa sobre una columna de jaspe, resguardada ésta por un forro de bronce y plata... y cubierta por un manto hasta los pies de la imagen. Lo que pocos fieles saben es que los días 2, 12 y 20 de cada mes, aparece la columna visible en toda su superficie. Y el número de mantos rebasa la cifra de cuatrocientos. Y salvo que esté en un error, el menos costoso de todos ellos era el que le regalaron los ferroviarios españoles -allá por la década de los años 50 del siglo pasado- había costado la friolera de 700.000 pesetas: cantidad con la que se podía comprar un buen piso en nuestra ciudad, por ejemplo.
Como les decía, se trata de una escultura de estilo gótico tardío franco-borgoñón de hacia 1435 y atribuida a don Juan de la Huerta, imaginero de la villa de Daroca. Y se dice que probablemente fue una imagen donada por don Dalmacio de Mur con el mecenazgo de doña Blanca de Navarra, esposa de Juan II de Aragón, a raíz de la curación de una enfermedad que aquejó a la reina.
Pues bien. Es tal el fervor que se transmite de generación en generación; que en mi grupos de amigos universitarios, había un tocayo mío -que aun hoy profesa el protestantismo- nos acompañaba diariamente, a las siete de la tarde, a visitar a la Virgen. Y ustedes, al igual que nosotros, a la época, le preguntarían a qué demonios iba a la Basílica. Pues, vera ustedes, su respuesta fue categórica, dejándonos boquiabiertos: “soy aragonés y Ella es mi patrona. El resto corresponde a vuestras creencias”.
Ese sentir de la tierra que les ha visto nacer la llevan los aragoneses tan adentro, tan adentro, que su orgullo patrio no tiene comparación con el resto de las regiones españolas. Y si nos molestásemos a leer o releer las páginas de la Historia -incluso desde antes de los Reyes Católicos- todo cuanto pueda decirles, en el día de hoy, me quedaría corto. Pero, eso sí, siempre contando con la ayuda inquebrantable de su Virgencica.
Luis de Miranda.
lunes, 11 de octubre de 2010
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