martes, 5 de octubre de 2010

2010.10.05
El comentar hoy que las “primarias” que tuvieron lugar en Madrid, este pasado domingo, han marcado definitivamente la situación real, dentro del Partido Socialista Obrero Español, de los señores Zapatero, Rubalcaba, Blanco y la señora Jiménez.: convertidos en muertos vivientes.
Nadie podemos negar el enorme poder político -y en algunos casos, el propio poder judicial- que han tenido durante estos seis últimos años. Pero, como sucediera en la Roma de los Césares, las luchas por el cetro dieron a las páginas de la Historia la traición y muerte de los dioses. Y tras 21 siglos de guerras de todo tipo (bélicas, unas; y políticas, el resto) la lucha por el poder sigue siendo la asignatura prima: traicionar y dar muerte al César de turno.
Pues bien. Anteayer, en el corazón político del Partido Socialista Obrero Español, los segundones, los comparsas, decidieron que “Roma” se merecía un cambio radical. Y tomaron tal decisión, porque los súbditos del imperio, cansados de tanta mentira y corrupción, se dieron cuenta de que no sólo caería el César con los Cónsules y su guardia pretoriana, sino que se estaba poniendo en peligro la autoridad del propio Imperio.
Por consiguiente, todos los españoles debemos agradecer este importante paso que ha dado Tomás Gómez, al enfrentarse al -sin quizás- máximo dictador de un proletariado inexistente. Y debido a ese enfrentamiento, la lucha interna ha dinamitado el muro de contención de un hipotético pantano de aguas turbulentas. Esperemos que esas aguas no se lleven por delante el futuro de todos nosotros.
Lo positivo, lo esperanzador, está en que, una vez los millones de votantes que acudan a las urnas tomen una decisión, nuestra Nación recobre la senda que jamás debió de abandonar. Porque para nadie es un secreto que si continuamos bajo esta dictadura parlamentaria actual, corremos el riesgo de llegar a los seis millones de parados y a que una mañana conozcamos las consecuencias que vivió la Argentina con aquel nefasto “corralito”. Y lo de “corralito” que nadie lo tome a broma o que la maquinaria de propaganda progresista lo achaque a una exageración de la derecha, porque será, entonces, cuando la recuperación estará a años de distancia.
En fin, que el futuro de ese 42% de jóvenes que todavía no se han incorporado al mercado de trabajo no llegará jamás. Con lo cual, nuestra querida España perderá dos o tres generaciones. Y una pérdida de gente bien preparada arrastrará a la miseria a la Nación más poderosa del mundo. Y todo eso llegará irremisiblemente porque unos millones de fanáticos se niegan a ver la realidad.
Ojalá me equivoque. Pero hasta el presente -sin la ayuda de la magia negra- mis oscuras previsiones van convirtiéndose en verdad casi absoluta.
Luis de Miranda

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