2010.09.27
En el día de ayer han tenido lugar tres noticias que a los verdaderos demócratas nos han puesto los pelos de punta.
Una –menos importante que la siguiente- el maldito “pucherazo” que tuvo lugar en Venezuela, con motivo de la conformación futura de la Asamblea Nacional; y que, indirectamente, ha sido alientada por los señores Rodríguez Zapatero y Moratinos… aunque los medios de información pro-gubernamentales nos estén vendiendo la moto.
La segunda noticia gira enderredor de la banda terrorista ETA para que nos vayamos haciendo a la idea de que cuanto aparece en la larga entrevista que publica el órgano oficial de ETA para que Batasuna, (aparato político de la organización terrorista) pueda presentarse a las próximas y cercanas elecciones; tener acceso a los escaños que están en juego en Euskadi y entrar en las informaciones archivadas en nuestros ordenadores oficiales.
Y la tercera noticia –que lo abarca todo- gira alrededor de nuestro Jefe del Estado y del silencio que guarda sobre el Pacto del Tinell; sobre el Estatut de Cataluña; sobre la negativa catalana y vasca de considerarse españoles; sobre la ley del aborto; sobre las constantes violaciones de muchos de nuestros artículos amparados por la Constitución en vigor; sobre el envío a Afganistán a nuestra honorable Guardia Civil, cuando no van equipados para enfrentarse a una guerra abierta; sobre la obsesión de ofender, por el motivo que sea, a nuestro valeroso ejército de la Legión; sobre la retirada del crucifijo de los Colegios oficiales o en régimen de concertación y la persecución abierta contra los católicos, apostólicos y romanos… por no hacer interminable la lista.
El pueblo liso y llano, en un alto, pero que muy alto porcentaje, llegó, llegamos a la conclusión de que en España nuestro Jefe del Estado no es otra cosa que una simple figura decorativa, porque –según nos dicen los políticos que conforman el Congreso de los Diputados y el Senado- el Rey no tiene ni voz ni voto ni puede opinar ni intervenir en nada sin autorización del Gobierno en el poder. Pues bien. Nosotros pensamos que debemos de ser el único País de los cinco Continentes, donde el Jefe del Estado y garante de la Constitución es casi un cero a la izquierda. Y si nuestro Jefe del Estado (el que tanto respeto y admiración se supo ganar entre los ciudadanos de segunda y tercera categoría) es una simple figura decorativa y nada puede hacer por nosotros, ¿por qué tenemos, entonces, que soportar los gastos de la Casa Real… y menos, cuando tenemos que suprimir gastos superfluos?
Ante todo este desaguisado, el pueblo democrático (o sea, la minoría de los mas de cuarenta millones que comulgan con ruedas de molino) pide una revisión urgente de nuestra Constitución. Y los motivos están a la vista, Majestad.
Luis de Miranda
lunes, 27 de septiembre de 2010
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