viernes, 17 de septiembre de 2010

2010.09.17
Parte de la tarde de ayer la dediqué a leer y releer con todo detenimiento el excelente trabajo que hicieron los colegas del grupo Zeta, Clara Pinar y Antonio Rodríguez, sobre -como ellos rotularon- “los enredos de Mohamed VI”.
El trabajo que han hecho lo apruebo desde la “A” a la “Z”. Sin embargo, y sin ánimo de desmerecer las siete páginas y media que les concedió la revista “Semana”, pienso que todavía se han quedado cortos con este déspota y tirano Mohamed VI. Y supongo que ello es debido a su relación con nuestro monarca: el Rey Juan Carlos I de España.
Ignoro si indirecta o directamente parte de la poco afortunada actuación del Ministerio de Asuntos Exteriores se debe a la buena relación que siempre ha existido entre el Partido Socialista Obrero Español y la Casa Real; ya que nuestro Monarca, durante estas tres últimas décadas, pareciera que su debilidad por los llamados progresistas choca frontalmente con las líneas de la derecha española.
¿Por qué unas centenas de miles de españoles opinamos eso mismo?.- se preguntarán ustedes. Pues, por las imágenes que están en los archivos de los medios de comunicación. En ellas, sin importar las fechas de los encuentros oficiales, nuestro Monarca saludó y saluda con mayor afecto a los señores Felipe González Márquez y a don José Luis Rodríguez Zapatero que a los señores José María Aznar López y al actual aspirante a La Moncloa, don Mariano Rajoy Aldrey. Y esas diferencias, lamentablemente, quedan grabadas para la posteridad, gracias a las cámaras de televisión. Y por mucho que algunos medios de comunicación afectos al régimen intenten negarlo; la dolorosa y triste realidad convierte en dogma aquello de “una imagen vale más que mil palabras”.
Claro que, como simple ciudadano, nuestro Rey tiene todo el derecho del mundo de inclinarse hacia la izquierda; pero como Jefe del Estado y como persona exquisitamente preparada para el puesto que ejerce, no puede dar motivo al pueblo liso y llano a que sea calificado de “Monarca Republicano”, como en su día declaró el señor Presidente del Gobierno de España. Nuestra Casa Real tiene que actuar con imparcialidad delante de las cámaras y fuera de ellas. De lo contrario, aquellos votantes de la derecha española se convertirán en sus súbditos, contra viento y marea.
Ante esta duda que sienten -repito- centenares de miles de españoles, las altas Magistraturas del Estado lo intuyen o lo saben... y al final, para todos esos, en nuestra honorable e histórica Iberia seguirán pensando -mientras no les demuestren lo contrario- que no existe el estado de derecho.
Pues, a pesar de esa decepción, este pueblo, Majestad, sigue dando la máxima puntuación a la Casa Real. ¿Por qué será?... Porque no perdemos la esperanza de que Su Majestad vuelva a ser el fiel de la balanza, por el bien de todos. Y una vez recobrada tal confianza, tenga la seguridad, Majestad, que toda la Nación -a una sola voz- le ayudará a resolver el grave problema que estamos sufriendo con la corrupta monarquía alauí.
Luis de Miranda

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