lunes, 13 de septiembre de 2010

2010.09.13
Algún psicólogo me ha dicho hace años –y recientemente, también- que el esfuerzo mental que supone escribir un comentario político es fuerte o muy fuerte. Todo depende de la capacidad que uno tenga para “tirar del archivo de la memoria” y transformar la misma en los signos que hace que nos entendamos en cualquier idioma de nuestra civilización. Porque no es lo mismo preparar un comentario o un artículo de actualidad que recurrir a hechos pasados -ya analizados por mentes anteriores- y con tiempo suficiente para consultar y comparar lugares, fechas y hechos.
De ahí que sea más rentable –en esfuerzo mental y económicamente- el preparar cualquier colaboración semanal, quincenal o mensual. La única diferencia que existe entre el comentario diario sobre la actualidad es que el primero requiere de un esfuerzo intelectual más fuerte; mientras que en los otros casos, prima simplemente el estilo de redacción que se haya empleado: en algunos trabajos se rebuscan calificativos en desuso, por simple vanidad, y para dar a entender al resto de los mortales que los lectores o “escuchantes” –como diría nuestro compañero José Antonio Olcina- somos una banda de iletrados.
Jamás negaré que toda profesión técnica o intelectual se basa en le experiencia y en una especialización determinada; pero donde queda reflejado realmente el grado de preparación es en la composición. Pero no es menos cierto que quienes tenemos la suerte de poder practicar todos los días, deberíamos dejar pasar a quienes –nos guste o no- nos reemplazarán. Yo he pedido, desde mis inicios en 1953 (cuando compatibilizaba mis estudios con mis primeros pinitos en el Diairo “Amanecer” de Zaragoza) que todo aquel, aquella o aquelles que sienten la necesidad de escribir, de esculpir o de pintar… deberíamos darles sus oportunidades. ¿Por qué?... Porque me parece de un cinismo desbordante que sigan ciertos nombres publicando o radiando sus trabajos, ya que son los que piden sus seguidores. Eso no es verdad, créanme. Y mucho menos, cuando sabemos que escriben sus trabajos como quien le da a la máquina para que siga cortando churros. Lo importante es generar ingresos. Lo menos importante, el contenido… al fin y al cabo, mientras que el medio, el autor y el poder socio-político se complementen, los iletrados seguiremos comiendo en sus “bacías”.
Luis de Miranda

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