lunes, 6 de septiembre de 2010

2010.09.06
Aunque quisiera evitarlo -por cometer la osadía de hacer un análisis personal cada día del año- no puedo pasar por alto la nueva “tregua-trampa” de la organización terrorista ETA. Y no puedo obviarlo, después de comprobar cómo toda la maquinaria mediática del Gobierno de don José Luis Rodríguez Zapatero se ha puesto en movimiento desde primeras horas de ayer… amen de los medios de comunicación afectos al régimen, más los que viven de las malditas subvenciones, a costa de nuestros impuestos.
Que esta tregua-trampa iba a tener lugar en breve estaba más clara que el agua de la fuente, cuando estamos a las puertas de elecciones en Vascongadas, Cataluña y Galicia, para comenzar. Y lo estaba desde el momento en que el Gobierno Socialista se hincó de rodillas ante los ejecutores de 820 inocentes, acercando los presos de ETA a las tierras que los vieron nacer. Y a los más crueles asesinos premiarlos con autorizaciones inexplicables o con la libertad.
Entre toda esta serie de injusticias, la más destacable es la del señor Mayor Oreja, quien nos la estuvo anunciando desde hace muchos meses, mientras los medios de comunicación progresistas engrasaron su maquinaria y colocaron las correspondientes orejeras a todas las acémilas que acuden a sus hatos.
Yo –quizás por recordar algunas escenas que viví en directo en nuestra última guerra civil- seguiré desconfiando de estas “treguas-tramp”, pues la experiencia me sigue diciendo que, con ella, los terroristas podrán ocupar de nuevo puestos remunerados por todos nosotros en los Ayuntamientos del maravilloso País del Norte de España. Y a medida que vuelvan a hacer “caja”, les faltará tiempo para rearmarse y preparar atentados. Por cierto –y aunque fueron mera coincidencia- con los atentados a menos de cien horas de las elecciones generales, al Partido Socialista Obrero Español lo alzaron, primero, al poder; y lo subrayaron, en el segundo. Y si es cierto que no hay “dos sin tres” (Dios no lo quiera), la continuidad del señor Rodríguez Zapatero en La Moncloa y ocupando el puesto de Primer Ministro de España, es un hecho irrefutable; puesto que el “11-M” y la “T-4”, a menos de cien horas de acudir a las urnas, no supuso para la izquierda española la pérdida del poder otorgado por los votantes.
De todas formas, mientras el Partido Popular siga capitaneado por don Mariano Rajoy Aldrey, con atentados o sin atentados, poco o nada podrán alcanzar los escasos votantes de la derecha. ¿Y saben por qué?... Porque la “táctica del gallego”, en política, no sirve para nada. Hay que “mojarse”; hay que hablarle claro al pueblo que supuestamente tiene intención de votarle; hay que dar la cara en Melilla y en Ceuta; hay que exigir transparencia del por qué al Cuerpo de Policía Militarizado (Guardia Civil) se la defenestra y se la envía a la guerra, cuando sus efectivos no han sido preparados para ella, ni están dotados del correspondiente material de guerra exigible. ¿Estamos de acuerdo, señor Rajoy?... Porqué no le pregunta al señor Ministro del Interior si de los miles de guardias civiles que se van a jubilar en un año, sólo los reemplazarán doscientos y pocos. ¿Acaso, silentemente, se va eliminando a unos policías que siempre han sido el orgullo de millones de nosotros, y usted también está de acuerdo con tal decisión?...
Como no quiero extenderme más, no voy a preguntarle, señor Rajoy, qué piensa usted de los ataques que se le están dirigiendo a la Legión Española: que si el pelo corto, que si la barba, que si el “chapí”, que si su fundador es un indeseable, cuando sus hombres son reconocidos internacionalmente como soldados de altísimo nivel. Y usted, aspirante a gobernar España, ¿con qué cara se va a presentar ante todos estos ciudadanos?... ¿Jugando al gallego y escondiéndose?
Señor Rodríguez Zapatero, acomode la piscina y las habitaciones que con esta “tregua-trampa” y las actuaciones de la oposición, tiene usted asegurada La Moncloa para otros cuatro años más. Y mientras tanto -si Dios no lo evita- nosotros seguiremos elevando al Cielo esta oración.
Luis de Miranda

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