2010.08.26
El que con nuestros impuestos -los de ustedes y los míos- estemos pagando y pagando secuestros a bandas de terroristas me parece, como mínimo, una decisión irresponsable. ¿Por qué digo (escribo) esto?... Porque la gran mayoría de las Naciones democráticas y no democráticas llegaron al acuerdo de que jamás se debe negociar con indeseables de esa calaña. Y la prueba mas cercana -de muchas que pudiera enumerar- la tenemos en nuestra vecina Francia. De ahí que a su Presidente de la República, señor Sarkosy y a sus ciudadanos les respeten en todo el Globo terráqueo. ¿Y saben por qué?... Porque el señor Sarkosy tiene muy claro que si ahora le hacen algún rehén -a parte de no negociar con los terroristas- no dudará un solo minuto para enviar su fuerza aérea y “machacar los nidos” donde se esconden esos asesinos. Y esta actitud la tienen asumida los terroristas. Por eso no se atreven a tocar a ningún francés. Mientras que con nuestro Gobierno tienen asegurados millones de euros que invertirán en armamento y extender así sus campos de actuación. O lo que es lo mismo: hacer el efecto llamada a nuevos integrantes de las bandas.
Entiendo que es muy fácil decir que “con terroristas no se negocia jamás”... siempre y cuando no esté en juego la vida de un ser querido nuestro. Pero tenemos que entender, por muy duro que nos resulte, que la vida de nuestro ser querido va evitar en un futuro cercano la vida de muchos inocentes.
Los asesinos si ven que sus vidas están en juego -y por lo cobardes que son- no se la juegan a una sola carta. Buscan a inocentes abandonados a su suerte porque sus gobernantes no pueden permitirse el lujo de perder votos y, con ellos, el poder. El poder, señoras y señores, dentro de esta sociedad que nos ha tocado en suerte vivir, es mucho más importante para ellos que cualquiera de nosotros; aunque se desgañiten diciéndonos todo lo contrario. Porque, una vez conocido el poder absoluto y sus ventajas, las puertas de la sensibilidad humana se cierran de golpe.
Vivimos en una selva tan espesa que no nos deja ver el horizonte. Y sólo lo comprenderemos cuando algunos de nosotros alcancemos el cetro de los Césares.
Luis de Miranda
jueves, 26 de agosto de 2010
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