lunes, 23 de agosto de 2010

2010.08.23
Por no haber cursado la carrera de Ciencias Políticas, no acabo de entender cómo dentro de un sistema que denominamos, a bombo y platillo, democrático se puede violar las decisiones tomadas por la máxima autoridad judicial. Me refiero concretamente a la prohibición que se ha comunicado al Ministerio del Interior para que en el barrio barcelonés no tuviese lugar el acto de bienvenida a una de las mujeres que ha colaborado con la banda terrorista ETA, y recién salida de prisión.
Esta manifestación a favor de una componente de la banda y, por tanto, ensalzamiento a banda armada, tendría que haberse evitado por parte de nuestras fuerzas de seguridad nacional. Y sin embargo se hizo de un modo incomprensible… aunque, es posible, que nuestras fuerzas de choque no pudieron hacer lo que todos los españoles de bien esperábamos, así como las víctimas del terrorismo, por haber seguido sus intervinientes las órdenes emanadas desde las cúpulas del poder absoluto.
Pues bien. Para demostrarnos el Gobierno de la Nación Española que los distintos comentarios que hacemos los ciudadanos en el interior de nuestros hogares o entre un grupo de amigos (mientras tomamos un refresco y curiosamente coincidentes al 90%) no son los correctos, suponemos que a estas horas ya estarán detenidos cuantos acudieron a la manifestación –gracias a las fotografías y filmaciones existentes- e, incluso, los interrogatorios pasados a negro sobre blanco para que el Juez de turno pueda aplicar las leyes en vigor; ya que ese es el verdadero y único camino que se transita en los Países democráticos.
Claro que , otra cosa muy distinta será si es verdad que el Gobierno que preside don José Luis Rodríguez Zapatero está negociando con ETA. Entonces y sólo entonces, tendremos que tragar quina y mucha saliva para entender que los personajes que apoyaron y desafiaron a los Magistrados no son filo-terroristas; sino, simplemente, ciudadanos que pasaron por el lugar en un momento inoportuno.
Y para amenizar un poco el circo, saltarán sobre la lona los trapecistas de siempre, mientras la charanga interpretará un pasodoble cualquiera.
Luis de Miranda

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