2010.08.20
Es increíble como la figura del actual Presidente de los EE.UU. de norteamérica, mr. Barack Obama, se va deteriorando, minuto a minuto, cuando su triunfo electoral se basó en sus orígenes y en su política social. Lo que no le aceptan los cerca de trescientos millones de ciudadanos y que le costará su reelección, con toda seguridad, es que cuando fueron seguidores del mundo islámico quienes perpetraron el brutal atentado del 11 de septiembre de 2001, destruyendo las torres gemelas de Nueva York, con la muerte de cinco mil inocentes ciudadanos, permita ahora que en los aledaños de la plaza se alce una mezquita: símbolo inequívoco del poder islámico. Esto significa como si, por ejemplo, los alemanes levantasen un monumento a Hitler en medio del campo de exterminio de Auswich o, en España, levantásemos un monumento al señor Carrillo en pleno centro de Paracuellos del Jarama; otro, a los autores de los atentados del “11-M”, al lado de la Estación de Atocha; y otro, en memoria de los autores de la masacre de la Plaza República Dominicana o del Hipercor de Barcelona o del Hotel de Zaragoza.
La diferencia que hay entre los norteamericanos y nosotros, los españoles, es que los primeros no olvidan a sus cinco mil inocentes del “11-S”; mientras que nosotros miramos para otro lado y pasamos página, como si aquellas muertes se produjesen simplemente por un mero “accidente”.
Otro punto que tendrán en cuenta los votantes de la Nación de las “barras y estrellas” se basará en el discurso que hizo recientemente el señor Obama, durante una cena en la Casa Blanca, cuando dijo que “como ciudadano y como Presidente creo que los musulmanes tienen el mismo derecho a practicar su religión como cualquier otra persona en este País”.
Muchos de nosotros nos preguntamos, desde este otro lado del Atlántico, ¿por qué los Países musulmanes no permiten esa misma libertad permitiéndoles y permitiéndonos levantar en sus territorios ( en el Cairo y en La Meca) centros de culto de religiones cristianas o de otros credos?
Esta dejación de derechos internacionales y esta desigualdad fomentada por distintos Mandatarios nos convierte en súbditos de reinos imaginarios. Y como tales súbditos carecemos de voz y voto. Por lo tanto, a nosotros solo nos queda oír, ver y callar. ¿Entendido?.
Luis de Miranda
viernes, 20 de agosto de 2010
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