2010.08.19
Lamentablemente -y en contra de mi voluntad, puesto que la actualidad así lo exige- me veo en la obligación de recaer en la preocupación que nos embarga en estas fechas, como lo es para quienes llevamos sangre española por las venas el robo de nuestras aguas jurisdicionales alrededor del Peñón de Gibraltar; los que no hallamos ninguna diferencia entre las ciudades de Ceuta y Melilla con las peninsulares, a pesar de que nuestros máximos dirigentes no las visiten de tanto en cuanto; los que sentimos como propias las Islas Canarias, como a las Islas de Perejil o el Peñón de Alhucemas; los que consideramos a los componentes de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestras Policías como honrosos y valientes defensores de nuestros territorios y de nuestros derechos. Y sin embargo, por las razones que no llego alcanzar, nuestros Altos responsables de la soberanía nacional pareciera -sólo pareciera- que les preocupa más el dejarse hacer que el poner los puntos sobre las íes ante los violadores de los derechos y tratados internacionales.
¿Se imaginan ustedes, por poner unos ejemplos, que el señor Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica no pudiese visitar la ciudad de Cincinnati, en el Estado de Ohio, porque los Mejicanos o Canadienses la considerasen una provocaión... o que el Presidente de la República Francesa tuviera vetado la visita a la ciudad de Lyon, por parte de los españoles o de los italianos... o que al Primer Ministro de Inglaterra se le prohibiese acercarse a la ciudad de Manchester, porque a los franceses o daneses les molestaría?... ¿O que cuatro insurgentes se les ocurriera bloquear sus fronteras?... Tengan la seguridad de que las tres naciones que acabo de mencionar (escribir), en cualquiera de esos supuestos, no dudarían de blindar la frontera con el ejército de tierra (armado hasta los dientes) y dispuestos a imponer el respeto a que obligan las Leyes y Tratados Internacionales, con el ejército del aire sobre sus cabezas. Lo que no harían es mirar para otro lado, por aquello de no enfadar al País agresor, y dejar abandonados a su suerte a los habitantes de sus naciones, para que los agresores los sigan humillando, defenestrando y atacando a sus mujeres, en concreto..
Sin embargo, no dudo en que más de uno me tildará de todos esos calificativos archiconocidos y que tienen en boca los progresistas: desde la “A” hasta la “Z”. Pero tengo mi conciencia muy tranquila, y como he confesado muchas veces, lo que puedan decir de mi humilde persona me importa muy poco. Tan poco, que no me molestaré ni en mencionarlos; ajustándome al dicho de que no ofende quien quiere sino quien puede.
¡Ah!. El broche final lo ha puesto ayer, don José Blanco, declarando ante las cámaras de Tv. que don José María Aznar había sido desleal con el Gobierno y la Nación españolas, por el simple hecho de hacer una visita a una ciudad española. Y si cualquiera de esas ciudades españolas tienen otro categoría distinta y se rigen por leyes distintas, que don José Blanco nos diga que el ir de visita a ellas supone una deslealtad al Gobierno y a la Nación de España.
O sea que los ceutíes y los melillenses son apestados y no deben visitarse ni dialogar con ellos, como hace el señor Rubalcaba: no habla con ellos; pero sí, con los marroquíes.
Luis de Miranda
jueves, 19 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario