viernes, 13 de agosto de 2010

2010.08.13
Al recibir la información de que el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el camarada Hugo Chávez Freitas y el Presidente de Colombia, don Juan Manuel Santos, han fumado “la pipa de la paz” y, al mismo tiempo, decidieron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales, degradadas desde hace unos cinco años, aproximadamente. Y entre toda la información recibida quiero destacar que dichas relaciones bilaterales se llevarán a cabo, porque el despótico Presidente venezolano entendió que tenía que tragarse sus propias bravatas so pena de arrastrar al noble pueblo venezolano a una muerte segura. (Lean, por favor, en mi blog fechado el pasado 27 de julio de este año, lo que he escrito a este respecto). Y se las ha tenido que tragar por dos simples razones:
La primera, porque tenía que reconocer y reconoció que Colombia es soberana para firmar acuerdos de cualquier tipo con cualquier potencia, a condición de que no afecte a la soberanía de terceros -como Venezuela- o representen una amenaza para ellos. Este incumplimiento -como escribió el colega Eugenio Fuentes en el Diario “La Opinión”- implica una aceptación por Hugo Chávez Freitas del acuerdo de octubre de 2009 por el que EE.UU. podrá utilizar siete bases colombianas en la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico.
Y la segunda “bajada de pantalones” está en la concesión que ha hecho el camarada Hugo Chávez al comprometerse a no permitir la presencia de miembros de la guerrilla en territorio venezolano, a pesar de haber afirmado el dictador venezolano que había patrullado su territorio y que no había conseguido ningún campamento guerrillero.
Personalmente, pienso que esta reflexión de Hugo Chávez la ha tonado porque nada podría hacer contra las Fuerzas Colombianas y Norteamericanas, por mucho armamento que compre a España y por muchas bravatas que le lance a sus leales y fieles seguidores... o aunque llegase a reunir a una gran parte del Ejército Cubano.
Sin embargo -y desearía que se me interpretase bien- una gran parte de las Américas Latinas rezaban en silencio para que ese descerebrado le declarase la guerra a Colombia, y así librarse, para siempre, del “zorro rojo”. Y es lógico que lo hicieran porque son conscientes de que este “comandante bolivariano” -más tarde o más temprano- es la nueva plaga de la marabunta.
Pienso, y termino, que los EE.UU. de Norteamérica están dejando enraizar demasiado el socialismo “chavista” y eso no beneficia ni a los del Norte ni tampoco a los del Sur.
Luis de Miranda

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