2010.08.11
Para nosotros, los medios de comunicación, estas vacaciones estivales nos están resultando muy entretenidas, a nivel político. Lo de divertidas lo digo (lo pongo) entre comillas, porque la realidad no tiene nada de divertimento, sino todo lo contrario. Y me explico:
Las Autonomías Catalana, Gallega y la Comunidad de Madrid, nos van a marcar de forma inequívoca los resultados de las lecciones generales, salvo que por tercera vez coincida algún atentado mortal, por parte de ETA, a escasas horas de nuestra presencia ante las urnas.
Si otra desgracia no tiene lugar -cosa que deseamos todos los españoles de bien, desde lo más profundo de nuestros corazones- basaremos nuestros votos sobre la literalidad de los programas que nos serán presentados por las distintas formaciones políticas... en el supuesto de que seamos capaces de leer las “ofertas” que los aspirantes a La Moncloa nos hagan llegar por correo; y no, por nuestro fanatismo o por nuestra deformación democrática.
Lo que si desearíamos -pero que no va a suceder- es que los dos principales Partidos mayoritarios se pusiesen de acuerdo en ofrecernos tres variaciones que son, a estas alturas de la película, imprescindibles:
La primera y principal, es la modificación de la Ley electoral, puesto que el sistema “D'Homt” nos ha demostrado que no se acerca en absoluto a lo que los Países avanzados entienden por democracia.
La segunda, el centralizar en Madrid los Ministerios de Educación, Sanidad y Vivienda, por considerar tales competencias de importancia vital y evitar el caciquismo de los 17 hatos regionales.
Y la tercera, y no menos significativa, evitar la politización de nuestra Justicia, dejando a los ilustres Magistrados que sean ellos y sólo ellos quienes designen a sus dignos e imparciales responsables de los Poderes Jurídicos. En fín, que los españoles queremos y exigimos una Justicia única y sin presiones políticas.
Pero, y por los años de experiencia que tenemos acumulados los mayores, les diré que, lamentablemente, ni PSOE ni PP se atreverán a plasmarlos sobre sus programas electorales; ya que esas tres modificaciones básicas les obligarían a abrirnos las puertas de una verdadera democracia. Y eso, por ahora, es algo impensable.
Luis de Miranda
miércoles, 11 de agosto de 2010
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