jueves, 5 de agosto de 2010

2010.08.05
En los informativos del día de ayer les anuncié que el programa “Vecinos” se toma un mes de vacaciones, pues nuestros queridos políticos están ausentes de sus residencias habituales; no, así, de las preocupaciones lógicas de saber adonde irán a parar con sus huesos, una vez las 290 hojas del calendario hayan pasado a mejor vida... y nosotros, los votantes, hayamos decidido quienes deben ocupar los más altos puestos de responsabilidad local.
Las elecciones locales, para mi humilde entender, son mucho más importantes que las generales; ya que las de nuestras localidades nos dan la oportunidad de que seamos nosotros quienes quitemos o pongamos a los que creemos los mejores para gestionar el sin fin de problemas o carencias que sufrimos día a día en cada villa. Sin embargo, y para desgracia nuestra, eso no es así, puesto que con el maldito sistema “D'Hom”, nuestros políticos -a espaldas nuestras y contra nuestra voluntad- juegan con las papeletas que hemos depositado en las urnas y las “venden” al mejor postor, sin el menor recato, a cambio de suculentos sueldos y prebendas. Prebendas como la de disfrutar de coche oficial, guarda-espaldas, tarjetas oro (a cuenta de nuestro sudor y lágrimas) con las que se pagan sus buenas degustaciones culinarias, amen de otros conceptos que no podemos confesar, so pena de vernos sentados en los juzgados de turno.
De ahí que, a partir de ahora, parte de las vacaciones de sus líderes se las pasen confeccionando las listas cerradas. Listas cerradas y antidemocráticas que obligan a sus futuros “palmeros” a traicionarse los unos a los otros, con tal de aparecer entre los catorce primeros concejales (que es el caso del Ayuntamiento de La Coruña) en el supuesto de que su “César”, su “Padrino”, resulte el más votado por nosotros; ya que de ganar las elecciones, su futuro y el de sus familiares más directos será envidiable.
En fin, que durante los 290 días que faltan, volveremos a ver a los que se hacen llamar nuestros representantes políticos paseando por los barrios de nuestras ciudades y pueblos, abrazando y besando a todo bicho viviente y prometiéndonos el oro y el moro... sin el menor de los escrúpulos.
Pero lo que nunca harán, estén donde estén, es modificar la ley electoral vigente, ya que una ley democrática -en la que el vencedor sea el que rija nuestros destinos- o una doble vuelta, les obligaría irremisiblemente a acatar la democracia, en el más extenso sentido de la palabra. Y eso ni lo quieren, ni lo intentan, puesto que todos se formaron dentro de Partidos piramidales, donde la democracia está totalmente prohibida. Lo único que conocen, para desgracia nuestra, es la obediencia debida. Entonces, no podemos pedirle peras al olmo. Bastante tienen con soportar la cruz que, sobre sus hombros, les colocó el César.
Luis de Miranda

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