2010.07.09
La tormenta que ayer por la mañana hemos soportado en nuestra ciudad de La Coruña me recordó una vivida en Sarria (un pueblo de la provincia de Lugo) a finales de los años 50 del siglo pasado, cuando desde la ventana pude ver caer un rayo sobre las vías del tren... y posteriormente, en compañía de mi padre, me acerqué hasta el lugar donde había caído el rayo y, con gran asombro y sorpresa, vi que uno de los raíles del vía se había retorcido como una culebra y arrancado de las traviesas: estaba al rojo vivo, como si acabasen de sacarlo de la fragua del señor Antonio. El señor Antonio, por cierto y por lo que comentaban los mayores era un herrero de categoría, pues forjaba el hierro como nadie en la zona.
Hoy, sin saber exactamente por qué, resulta que me coincidieron en la memoria esos tres conceptos: tormenta, vía y forja.
La tormenta que están sufriendo los dos principales Partidos Políticos, dentro de sus propias estructuras, está adquiriendo unas proporciones tales, que no sería sorprendente que al retorno de las vacaciones estivales algo importante aconteciese en el Estado Español.
La vía que se está tomando don José Luis Rodríguez Zapatero, en referencia a las Cajas de Ahorro (los mayores focos de corrupción que el hombre haya inventado) no me parece descabellada. Claro que esta privatización o semi-conversión a Banca Privada, no salió de ninguno de los cuatrocientos o quinientos asesores que pagamos entre todos los españoles y residentes en España, sino de las presiones externas.
Y la forja que ya está al rojo vivo, espera que el martillo y el yunque lo envíen desde el sub-suelo del Ministerio del Interior... pues hierro (o sea, la materia prima) se puede importar de los hatos de Valencia, Andalucía y Castilla-La Mancha... una vez que se agoten las minas catalanas. Porque hasta que los amigos del señor Rodríguez Zapatero no terminen de jorobar la paciencia al resto de los ciudadanos de Hispania, la cantidad de hierro que producen Cataluña y Andalucía nos abastece el mercado de la corrupción hasta el año 2036... y celebramos el primer centenario.
Ojalá que escampe pronto porque la riada se avecina y el “muro de las lamentaciones” está en Jerusalem... y nos queda muy lejano.
Luis de Miranda
viernes, 9 de julio de 2010
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