2010.07.08
Ignoro si ustedes aprueban la nueva decisión del Tribunal de Justicia, por la que nuestras menores de edad pueden abortar sin el consentimiento de sus padres y hasta las semanas que, en conciencia, dictamine la Clínica abortista; ya que será imposible calcular las semanas del “no nacid@” puesto que inmediatamente dicho feto pasa a la trituradora.
Lo único que recuerdo de la ley de 1985 es “que salvo tres supuestos debidamente especificados”, el aborto, tal como hoy se aprobó, pasó de ser un delito a un derecho. Pues bien, a título personal confieso que mi conciencia repele todo acto que prive el derecho a seguir vivo.
Habrán oído también que, según ciertos progresistas, las niños y niños que acaban de nacer hace unos minutos no son considerados seres humanos hasta que no cumplan las 24 horas de nacidos. Por consiguiente son considerados, por los cerebros pensantes, como simples criaturas.
El pasado lunes pude ver las imágenes del proceso de aborto y que emitió la Televisión de la Cadena Intereconomía. Imágenes donde se vio como se iba sacando el cordón umbilical... y los pies del niño ó niña... y como tiraban de los bracitos del niño o niña... y como aquel niño o niña movía sus miembros... Pero de nada le sirvió aquellos signos de vida, pues su destino final fue la trituradora... a cambio de unos cientos de euros que pagamos entre todos nosotros.
Entiendo que las clínicas abortivas, con esta nueva ley, se estarán frotando las manos, ya que el negocio de los miles y miles de abortos anuales (entre nacionales y extranjeros) generarán millones de euros que saldrán de nuestros impuestos y que les permitirán amortizar sus inversiones en muy corto plazo.
Como cristiano que soy, debo confesarles que mientras veía aquellas imágenes, en primer plano, algo dentro de mi ser me estaba desequilibrando mi punto de equilibrio emocional... hasta extremos que no puedo pronunciar (escribir), so pena de verme ante los tribunales. Y lo que más me duele, lo que más me entristece es saber que hay en nuestra querida España semejantes a nosotros que aplauden esas malditas trituradoras de infantes... y a quienes redactaron tal “legalidad”... y a quienes la aprobaron.
¿Alguien puede rebatirme que a los siete días de la concepción de ese niño o niña sus genes no son los mismos que cuando ese ser cumpla los ochenta años?... Entonces, me vienen a la mente una serie de preguntas, por mi ignorancia, que quisiera hacerles a todos ustedes: ¿donde está la diferencia entre triturar a un no-nato o a un octogenario?... ¿donde está la diferencia entre quitarle la vida a un no-nato o a un condenado a muerte?... ¿donde se esconden las células de nuestra sensibilidad y nuestras creencias religiosas?.
Luis de Miranda
jueves, 8 de julio de 2010
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