lunes, 5 de julio de 2010

2010.07.05
Ignoro el porqué, pero entre las asignaturas donde saqué siempre unas muy buenas notas estaba las de Historia Española y Historia Universal. Y sin embargo al final de las etapas de formación, la de Economía prevaleció sobre las demás... aunque -quizás, por haber leído mucho sobre la historia de distintos Países y sus sucesivos episodios- me decanté por el mundo de la política y sus servidores. Y es que me llamó mucho la atención las “caídas” de los distintos dictadores y dictadorzuelos. Porque, hasta donde el paso de los años me ha mostrado, esos seres diferentes al resto de los mortales sufrieron el odio y la venganza de sus propios colaboradores. Colaboradores, que se dividieron y se siguen dividiendo en dos grupos. Uno, el que se conforma simplemente con robar a manos llenas al pueblo que los ha elegido o soportado, pero sabiendo que a corto o mediano plazo -debido a esa corrupción- provoca la “caída” del líder todopoderoso. Y otro grupo que, no conformándose con el hecho de convertirse en millonario o multimillonario, quiere saborear el placer del mando total y absoluto, y someter a su pueblo al temor o al terror de sus decisiones. Y es que, como alguien ha dicho, el que juega o desafía al demonio terminará convirtiéndose en demonio; ya que el demonio jamás cambiará su ideología. De ahí que cuantos han alcanzado el poder absoluto deben ir eliminando a todos aquellos que puedan hacerle sombra, puesto que los pueblos -más tarde que pronto- terminan por darse cuenta de que están sometidos por unas ideologías trasnochadas, gracias a las maquinarias de propaganda.
Estas maquinarias mediáticas, asesoradas por gentes sin escrúpulos, van “triturando” la realidad del país y adaptando a la sociedad a unas nuevas formas de vida que ni se corresponden ni se merecen los ciudadanos o sus súbditos.
Sin embargo, dentro de ese segundo grupo, existen compatriotas que desean reemplazar al líder; bien, por medios ajustados a las Cartas Magnas o bien, por la fuerza de las armas. Claro que, en este segundo caso, se enfrentaron a las leyes vigentes de cada Nación subyugada... o al Tribunal de La Haya.
Y todos esos procesos de descomposición social y política comenzaron por las violaciones sistemáticas de sus Constituciones y por la ausencia o desinterés de quienes tenían la obligación de preservar la legalidad vigente.
Y cuanto más leía y releía la Historia de aquellos cambios realizados en distintos Países del Planeta Tierra, más atractivo encontraba y encuentro las luchas por el poder, desde la dominación de Romana. Roma y sus Césares, elevados a la categoría de dioses, nos impusieron durante siglos la “asignatura de la obediencia y el acato”, so pena de ser crucificados o echados a los leones. Y en los siglos posteriores, encarcelan, torturan o, en el mejor de los casos, destierran o defenestran a cuantos disientan de la ideología impuesta por el poder.
Más, a pesar de todo ello, en pleno siglo XXI hallamos Países que presencian atónitos las luchas intestinas entre los que ocupan el poder y los que quieren acceder a tal poder. Pero para todo político con poder, el temor a ser desposeído del mismo, está entre sus propios compañeros de filas: los que, al final, serán los verdaderos jueces de las situaciones insostenibles... y no, el pueblo sometido, como sería lo lógico; ya que la Historia no deja de ser un péndulo.
Luis de Miranda.

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