miércoles, 2 de junio de 2010

2010.06.02
Siempre encontré peligrosa la falta de memoria porque, a parte de no recordar lo acontecido, se desvirtúa el pasado: el origen del presente. Y el presente, al dejarnos llevar por ideologías que no tienen sentido en el siglo XXI, va degenerando la formación intelectual de muchos de nuestros descendientes; ya que lo más fácil es cerrar los ojos o esconder la cabeza (como lo hace el avestruz) y subirse al carro de la demagogia: asignatura que ondean aquellos que carecen de argumentos contrastables... pero que, por desgracia, hacen mella entre los desinformados.
España, hasta finales de la “Baja Edad Media”, supo convivir con culturas contrapuestas ideológicamente en la ciudad mas emblemática y cultural de la Hispania: Toledo.
Sin embargo ahora, en el siglo XXI, tras quinientos años de respeto, los ciudadanos de Hispania sentimos una fuerte animadversión hacia las razas árabe, moros y judíos, como si los árabes fuesen apestados, cuando nos legaron una gran cultura y una tabla de números ( del 0 al 10) que hicieron posible los más exactos cálculos matemáticos: gracias a los cuales pusimos en funcionamiento unos aparatos (llamados ordenadores) que nos dieron unos avances tecnológicos que jamás hubiésemos obtenido con el sistema romano o con los “ábacos” orientales.
Aquí si que no se cumplió la norma “de bien nacido es ser agradecido”.
Y por otro lado surgió el mundo sionista, del que pudimos perfeccionar el comercio y el progreso socio-económico; amén de aprender que gracias al trabajo y la constancia, podemos alcanzar altas metas de bienestar, en la vida. Y si repasamos el origen de los apellidos mas comunes en España, nos llevaremos la sorpresa de que muchos, muchísimos de ellos los heredamos de los sefarditas. Lo que quiere decir que un alto porcentaje de nosotros descendemos de los de ellos. Y como descendiente de Judea (por credo y por sanguineidad) siempre estaré del lado de los hoy llamados israelitas. De ahí que no me crea la puesta en escena de la maquinaria socialista -representada por el señor Moratinos- mostrándonos unas imágenes grabadas y distribuidas por el Gobierno Turco. Y cada hora que pasa me lo creo menos, ya que están apareciendo filmaciones hechas desde los helicópteros israelitas que contradicen las primeras.
Sea como sea, lo lamentable son las pérdidas de vidas humanas. Pero también debemos comprender -si somos justos en conciencia- que los “gatos escaldados, hasta del agua fría huyen”. E Israel, por las dolorosas experiencias vividas y por los constantes ataques guerrilleros a los que es sometida su población, tiene todo el derecho del mundo a defender su integridad física y territorial. Porque, hasta donde mi limitada inteligencia puede llegar, la meta de los 629 activistas detenidos no era otra que la de romper el aislamiento de Gaza, desafiando así el cordón de seguridad del Estado de Israel.
Lo óptimo, lo inteligente -en el supuesto de que fuesen realmente con la sana intención de ayuda humanitaria- hubiese sido que dejasen inspeccionar los barcos, que descargasen su cargamento en Gaza... y el ejército hebreo, una vez comprobada la carga, lo haría llegar a su lugar de destino, sin la menor duda. Como tampoco deberemos tener duda de que una vez chequeadas las identidades de los activistas, Israel los devolverá al mundo y sin hacer ruido.
El problema, el triste y doloroso problema, es que esos 629 activistas no quisieron respetar las advertencias hechas por Tel-Aviv y prefirieron enfrentarse a la provocación... para después hacerse los mártires. Mártires que no conseguirán otra cosa que agudizar un odio absurdo. Y como lo absurdo no tiene límites, vuelven de nuevo a desafiar el “cordón de seguridad establecido” enviando mas barcos a la zona con el único fin de que las Naciones Unidas sancionen a un pueblo que no se mete con nadie, sino que se defiende de los intrusos.
Dejemos al juez “tiempo” que dicte su veredicto... y abramos los ojos a la verdad.
Luis de Miranda

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