2010.04.27
Se dijo siempre que la Historia de los Países la escriben los vencedores. Y yo, humildemente, digo que no estoy de acuerdo. Y no lo estoy por una razón muy sencilla: porque la Historia de España que hemos estudiado los de mi generación hasta los que en la actualidad tienen más de 35 años la escribieron los vencedores. Pero todos cuantos tienen ahora menos de 35 años estudiaron una Historia de España escrita por los llamados “vencidos”: lo que quiere decir que está basada en el odio y el rencor de los perdedores que no supieron o no quisieron admitir el porqué de una derrota que provocaron ellos mismos.
Para nadie es un secreto que las guerras son inhumanas e incomprensibles. Y mucho menos comprensibles cuando se trata de guerras civiles, donde unos y otros cometieron las mayores atrocidades en base al exterminio de los considerados enemigos. Y no es menos cierto que cuando una parte de la Nación se decide por eliminar a la otra parte, lo que prevalece es el causar el mayor número de bajas posibles en pos de una victoria total. Y una vez logrado el alto al fuego y la rendición del enemigo aparece inexorablemente la llamada “operación limpieza”. O lo que es lo mismo, eliminar los “rescoldos” que pudieron quedar, como cuando apagamos un incendio. Y este “dogma” (entre comillas) lo siguen al pie de la letra los vencedores en previsión de futuros “focos” que puedan volver a desestabilizar la gobernabilidad del Gobierno vencedor.
Por consiguiente, lo inteligente, lo humano, lo deseable es que se recurra, a partir de esa “victoria” (también, entre comillas) a buscar y encontrar vías de entendimiento, por medio del diálogo y de análisis exhaustivos. Jamás, recurriendo a la venganza, al odio y a la demagogia; pues la Historia de cada País está repleta de nuevos enfrentamientos sangrientos, por culpa de unos pocos que quieren seguir imponiendo los mismos errores que los llevaron a la guerra anterior.
Pienso que no es aconsejable recurrir a tiempos pasados, cuando una serie de caballeros redactaron una Constitución (todavía vigente) que hizo que, por ambas partes, cedieran en acordar una ley de convivencia pacífica: la que fue orgullo y ejemplo universal, “pasando página” a pesar del dolor causado a ambos lados de la contienda. Y si aquel acuerdo hizo que se restableciera la paz y la concordia entre todos nosotros, ¿por qué, después de tres décadas, estamos inyectando en las mentes de quienes no vivieron la última guerra civil (por fortuna, para ellos) los desmanes que traen consigo el rencor y la venganza?. ¿Por qué?...
Luis de Miranda
martes, 27 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario