miércoles, 21 de abril de 2010

2010.04.21
Reconozco públicamente que las injusticias y las que los jóvenes de ahora denominan “bajada de pantalones” me sacan de mi punto de equilibrio emocional. ¿En qué me baso, para iniciar mi comentario de hoy?.- se preguntarán ustedes. Pues, ni más ni menos, que en el problema que se ha generado en el Liceo “Camilo José Cela” de Pozuelo de Alarcón, porque una niña árabe quiere permanecer en clase con la cabeza cubierta con un velo: signo inequívoco de su creencia religiosa.
Jamás he negado mi total respeto por los credos que cada ser humano profese. Pero de ahí a que se intente pasar nuestras normas y nuestras costumbres por la entrepierna, va un abismo. Y se lo dice quien ha trabajado y residido en distintos Países, con leyes y costumbres muy distintas a las que yo he vivido en mi adolescencia y juventud.
Si no quise tener problemas en aquellos Países tuve que aceptar y acatar las normas y leyes vigentes. Y mientras en un País musulmán no se le permita a ninguna mujer (no musulmana) que lleve su cabeza al descubierto, desde que llega al aeropuerto de uno de esos Países, hasta que sale de dicho territorio, nosotros tampoco debemos permitir –bajo ningún concepto- que tales mujeres campen por sus caprichos, costumbres o creencias; ya que lo que no es igual, es trampa... como se dice en los Países Latinoamericanos. Así que si quieren seguir en nuestro suelo Patrio, tendrán que respetar nuestras costumbres y nuestras normas, como a nosotros nos obligan en sus lugares de origen; ya que, en caso contrario, ya saben lo que tienen que hacer: coger sus maletas y largarse de aquí.
Entiendo que es muy duro lo que acabo de decir (escribir) pero ya empezamos a estar cansados –un alto porcentaje de españoles- de que esos creyentes nos quieran imponer con chulería y prepotencia los usos y costumbres de ellos, fuera de sus fronteras. Pero igual de duro es que en el País de su querido padre una mujer occidental no pueda vestir minifalda, por ejemplo, o ponerse un bikini en cualquiera de sus playas.
Ahora, los demagogos, podrán tacharme de racista y de cuanto se les ocurra. Pero les prometo que eso me importa tres pepinos. La realidad y la verdad son las que son, les guste o no les guste. Por eso comencé diciendo que no acepto las injusticias y los “embudos”. Exijo y exigiré siempre igualdad para todos, aunque tenga que marcharme de mi Patria, de nuevo. La anarquía no es la doctrina que tengo que bendecir, por muy progresistas que algunos quieran ser. Yo me seguiré quedando con el liberalismo.
¡Ah!. Por cierto, ¿donde está la ministra de Igualdad?... Le recuerdo, señora ministra, que esa niña tiene que llevar el velo, tiene que aceptar el que mañana su padre la venda al mejor postor y probablemente ya le han hecho la ablación del clíptores. Y usted, calladita, como una monja de clausura, porque el islam (palabra que significa “sumisión a Hala”) le “mola” o quizás quienes lo practican.
Luis de Miranda

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