martes, 20 de abril de 2010

2010.04.20
El problema que esta generando el volcán de Islandia –cuyo nombre, para nosotros los españoles, resulta impronunciable- está adquiriendo tales proporciones que difícilmente pueden ser cuantificadas en pérdidas para las Compañías aéreas e, incluso, para la recuperación económica de muchos Países del Globo. Y es que cuando la Naturaleza se cabrea, por muchos estudiosos en geología que haya, el Planeta Tierra sabe defenderse por si sola, a pesar de las barbaridades que cometemos y de los ataques que lanzamos contra ella.
A la Tierra, como otro Planeta mas de este sistema solar, le sobran vías de actuación para ponernos a los humanos en su sitio, por muchos adelantos técnicos que creamos tener: movimientos de placas tectónicas que generan los temibles terremotos y maremotos: los que, a su vez, generan los peligrosísimos “sunamis”; los volcanes; los huracanes; los tifones, las tormentas secas: las que se encargan de incendiar grandes superficies de vegetación y... así podríamos estar relacionando sus armas de defensa hasta el hastío.
Lo que no comprendo –vistos los reportajes que nos hacen llegar los corresponsales de los medios de información- es que pueda haber, en pleno siglo XXI, “cabezas cuadradas” o no pensantes, que descargan sus enfados contra los responsables de las Líneas Aéreas y también contra los gobiernos de los Países afectados.
“Queremos información”.- piden a gritos. Y yo les respondo, ¿qué tipo de información?. Porque, a seis días del inicio de la erupción, ¿tenemos algún vulcanólogo en este Planeta que pueda decir cuando terminar de vomitar polvo corrosivo y comienza a despedir lava?.
Esto, por un lado. Y por el otro, y de manera irresponsable, estamos exigiendo a los gobiernos de los Países afectados que abran los aeropuertos porque –según estos desesperados- se están exagerando las medidas de precaución.
Vamos a ver. ¿No creen ustedes que, en este caso concreto, es preferible pecar por exceso y no, por defecto?... ¿Se imaginan ustedes qué diríamos si se permiten los vuelos y se viene al suelo uno de los aviones?...
A veces, sólo a veces, los seres racionales tenemos el cerebro entre las nalgas... o ¿debería decir que nuestro cerebro, ante un cabreo, se convierte en una cloaca?... Ustedes tienen la última palabra.
Luis de Miranda

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