2010.04.09
Ustedes son testigos de que jamás he negado mi admiración y respeto por nuestro ex alcalde de La Coruña, don Francisco Vázquez. Y es que de Paco Vázquez (como cariñosamente le llamamos aquellos que somos bien agradecidos) quiero destacar dos cosas: su inmensa dedicación por el movimiento vecinal y su consideración por los medios de comunicación.
No voy a negar que el carácter de Paco Vázquez no es comparable con “una pera en dulce”; más, sin embargo, aquel aparente distanciamiento hacia quienes poco o nada le conocían, obligaba a sus detractores a que guardasen las distancias debidas, ya que su fuerte personalidad la sacaba a relucir cuando se topaba con algún desinformado.
Pues bien, Paco Vázquez, nuestro muy recordado Embajador cerca de la Santa Sede está cumpliendo hoy 64 años. Y desde aquí quiero enviarle un fuerte abrazo y mi felicitación más sincera. Felicitación que, estoy seguro, muchos de ustedes también desearían hacérsela llegar.
Entiendo y comprendo que las comparaciones son odiosas. Pero visto lo visto, desde el 10 de febrero de 2006 (día en que cesó como Alcalde del Excelentísimo Ayuntamiento de La Coruña) hasta esta fecha, ustedes le pondrán en el lugar que le corresponde, puesto que el tiempo es el juez mas imparcial que existe. Y con el paso de estos cuatro años, los coruñeses ya tienen que estar al cabo de la calle con el brutal cambio habido en el Palacio de María Pita. Sobre todo, aquellos que no sienten la cercanía que siempre debe haber entre el Primer Edil y sus habitantes.
Paco Vázquez ha gobernado La Coruña con “luces y sobras”, como el mejor de todos los servidores del pueblo. Pero lo que nadie puede negarle es su coruñesismo, su amor por este pueblo y su entrega total a la ciudadanía. De ahí que no comparta las informaciones que le hacemos llegar cuantos lo seguimos recordando, a través de los medios que manejamos.
Pero la vida del político es esa: recibir injustamente el castigo de un pueblo que no supo valorar, en su momento, cuanto hizo por esta hermosa Ciudad de Cristal.
No sé si es Dios o simplemente el destino, pero cada pueblo tiene lo que se merece, por su ingratitud.
Luis de Miranda.
viernes, 9 de abril de 2010
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