2010.04.07
Según un informe emitido hace pocos días por un organismo oficial e internacional –quizás, basándose en los próximos mundiales de fútbol y cuyo nombre no he sido capaz de memorizar- las ciudades más peligrosas del mundo, en estos momentos, son las siguientes, y por este orden: Caracas, Ciudad del Cabo y Johannesburgo.
Muchos de ustedes, amen de cuantos gallegos hemos residido y trabajado en Caracas, es probable que se hayan llevado una sorpresa al escuchar o leer la Ciudad de Santiago de León y Caracas (su verdadero nombre), como la ciudad mas peligrosa del Globo. Porque –y corríjanme si estoy equivocado- el foco de población que les habrá venido a su memoria se llama Ciudad Juárez (Méjico). Pues, ya ven ustedes que no, que todavía existen poblaciones con un índice superior de asesinatos que los que se cometen en Caracas: 163 asesinatos por día, por cada cien mil habitantes.
Esta cifra diaria no la dio la guerra de Vietnam, ni nuestra última guerra civil, tampoco. Por esa razón les comenté a ustedes, dos o tres semanas atrás, que todo aquel blanco o asiático debe salir cuanto antes de uno de los Países mas bellos de las Américas –como lo es Venezuela- si no quiere vérselas con los “pelotones” chavistas.
En cuanto a los otros dos (Ciudad del Cabo y Johannesburgo) y por razones que llevan a nuestra Selección Nacional de Fútbol ha pasar allá un mes, confieso que tengo miedo a que algún grupo terrorista se le vaya “la pinza” (como dicen los jóvenes) y cometan alguna atrocidad con nuestros deportistas... o con los de otros Países. Y ante tal incertidumbre no entiendo como la FIFA ha elegido al Continente africano para celebrar el Campeonato Mundial de Fútbol. Supongo que los demagogos me saltarán al cuello, al oír o al leer este comentario, puesto que ellos quieren seguir vendiendo una falsa imagen de humanidad y de defensa por los débiles: cosa harto incomprensible, cuando están en juego las vidas de jóvenes futbolistas. Pero, como la demagogia no está jamás de acorde con la realidad, allá ellos y las circunstancias.
Lo triste sería –Dios no lo quiera- que aquellos descerebrados llevasen a cabo una matanza. Entonces, y sólo entonces, los demagogos ya buscarán –denlo por hecho- una justificación para lo injustificable. Y los que hemos advertido de los riesgos que se corren, quedaremos como insolidarios, como racistas y como lo que ellos quieran etiquetarnos.
Ojalá esté cometiendo el mayor error de mi vida, con este comentario.
Luis de Miranda
miércoles, 7 de abril de 2010
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