2010.04.06
Me he decantado en infinidad de ocasiones que no soy partidario del aborto; y, mucho menos, si el ser en proceso de evolución tiene una vida superior a las cinco o seis semanas desde su concepción. Por otra parte, también me manifesté que toda violada debe tener derecho a abortar, si ella así lo cree conveniente, pero antes de rebasar la frontera de las cinco o seis semanas; ya que, a partir de esa fecha –que yo modestamente califico- límite, esa criatura DEBE nacer, según mis convicciones morales y religiosas, que muchos de ustedes compartirán; y otros muchos, me censurarán.
Sin embargo, y lo confieso desde el fondo de mi corazón, al conocer a ciertos individuos que, por una ú otra razón, ejercer un poder sobre nosotros, lamento profundamente que sus respectivas madres no hayan tomado la decisión de abortar; puesto que han traído a este mundo a verdaderos “monstruos” que no tienen cabida en esta sociedad que hemos creado entre todos con las mayores esperanzas. Claro que, a pesar de los grandes avances que está logrando la ingeniería genética, todavía es arriesgado saber el futuro comportamiento de los seres en proceso de gestación.
Más, a pesar de todo, tengo la esperanza –aunque yo no llegue a conocerla, por razones de edad- de que en alguna fecha no muy lejana se pueda llegar a descubrir cuales son los genes que alteran determinados comportamientos humanos. Y una vez éstos sean descubiertos, el resto de los mortales agradecerán que esos monstruos pensantes no lleguen a nacer.
Y en estos momentos me vienen a la memoria ese pequeño porcentaje de adolescentes que están sembrando de asombro y perplejidad a las comunidades que están sufriendo en sus propias carnes las desapariciones, violaciones y asesinatos de sus seres queridos.
Lo que si tengo claro –no teniendo conocimientos de sicología y psiquiatría- es que nuestras leyes deben endurecerse para estos inadaptados. Porque lo que la experiencia nos está demostrando es que la “pérdida de libertad” –de duración irrisoria- se la pasan por el conocido “arco de triunfo”. Distinto sería si tuviesen la seguridad de que los encarcelamientos iban a ser sin derecho a “rebajas”. Y que nos dejen nuestros legisladores de monsergas con eso de que en los centros de reclusión se rehabilitan, porque eso es un cuento chino. Y de cuentos ya estamos hasta el gorro. Sólo tenemos que leer las estadísticas, porque esas sí que no mienten.
Luis de Miranda
martes, 6 de abril de 2010
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