lunes, 5 de abril de 2010

2010.04.05
Los que hemos tenido la fortuna de poder aislarnos relativamente de las obligaciones diarias, este “puente” –desde el miércoles pasado hasta esta mañana- nos ha venido a las mil maravillas. Por eso no entiendo cómo puede haber un pequeño porcentaje de ciudadanos que están presionando al poder central de Madrid para que esta Pascua deje de existir; ya que esta especie de “potaje” llamado pomposamente socialismo obrero español o “Partido progresista” -para no pillarse los dedos- tanto persigue y se mofa de los católicos, como llora y monta el gran circo si la meteorología no permite salir las procesiones de la Comunidad Andaluza. Esta aberración sólo puede darse en uno de los 17 hatos que lleva más de 30 años viviendo del sudor y las lágrimas del resto de los que trabajamos en la piel de toro. Y lo de TRABAJAR lo repito y lo escribo con letras mayúsculas.
Este descanso que hemos disfrutado se debió a la Pascua; ya que la que nominamos –por ejemplo- Pascua Navideña no está bien definida: la Pascua, la verdadera, es la que acabamos de vivir. Y hablando de la Pascua, ¿se han preguntado alguna vez por qué el calvario y la crucifixión de Jesús varía todos los años, mientras que la hipotética fecha de su nacimiento está fija?. Largo serían los argumentos para analizar la fecha de nacimiento: unos creen que fue sobre marzo y otros muchos que fue sobre septiembre ú octubre.
En cuanto a su crucifixión debemos aceptar que es lo más correcto, ya que su muerte y su entierro tuvieron lugar durante la primera luna llena de la primavera. Y si ustedes observan el calendario se darán cuenta que el jueves y viernes más cercanos a la primera luna llena de la primavera del año 2010, fueron los pasados: los que venimos de celebrar.
¡Ah!. Espero que todos ustedes sigan ahí –donde les hemos dejado el miércoles pasado- puesto que este año superaremos, por desgracia, la cifra de muertos del año pasado. Y yo me pregunto: ¿cuándo diablos les haremos caso a los consejos que damos los medios de comunicación?... ¡Qué triste y que decepcionante es tener que dar consejo a las acémilas!
Luis de Miranda.

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