martes, 23 de marzo de 2010

2010.03.23
No sé si les he comentado alguna vez que todos los sábados me desplazo, por asuntos familiares, a Ferrol y observo con gran satisfacción que quienes circulamos por la autopista, en un 95 ó 98% respetamos la velocidad de 120 km/hora, así como los 90 km/hora, en el interior de los túneles.
Sin embargo lo que no acabamos de lograr es el respeto a las normas de circulación dentro de las ciudades. Es como si una vez dentro de las urbes, el código de circulación perdiera su valencia. No respetamos las plazas reservadas a los minusválidos, ni tampoco los pasos de peatones y, mucho menos, los 40 ó 50 Km/hora por el interior de las calles o avenidas; amen de las dobles y triples filas que formamos (lo hago en plural, para no ofender a nadie) por determinados barrios.
El otro día alguien me informó que se estaba estableciendo –a través de un medio televisivo de información nacional- que en la vecina Francia se cumplían las normas de tráfico, a lo largo y ancho de su territorio. Y que ello era debido a que las multas era mas cuantiosas que en España.
Desde hace décadas y mas décadas, la vida me enseñó que mientras a los infractores no les toques el bolsillo... pero bien “tocado”... los usuarios se seguirán pasando las leyes, los decretos y las normas por el varonil “arco de triunfo”.
En la ciudad de La Coruña, nuestro Ayuntamiento, podría recaudar ingentes cantidades de dinero con sólo dos tipos de infracciones: por tráfico y por defecaciones perrunas.
¿Que por qué no lo hace?... Porque esa decisión restaría muchos votos. Y a falta de votos, pues... como que se tienen que marchar los inquilinos de María Pita. Y claro, antes que los posibles votantes se enfaden... se deja manga ancha a los caraduras:
...- a los de la zona de la Cubela y alrededores... con sus coches
...- a los de Monte Alto... con sus canes y con sus “caquitas”.... que algunas de ellas deben de ser de elefantes, por su tamaño y peso.
¡Cuánto egoísmo reflejan nuestros políticos y cuanto tenemos que aprender para que nos convirtamos en demócratas!.
Sobre esto último, tengo la esperanza que un poco antes de terminar el siglo XXI los españoles de a pie ya sepan distinguir entre dictaduras pueblerinas y democracia.
Luis de Miranda

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