2010.03.02
Anteayer, domingo, se cumplieron 29 años de la desaparición física de mi maestro don Álvaro Cunqueiro Mora, el que, a su vez y a pesar de los 23 años que nos separaban me honró con su sincera amistad. Don Álvaro Cunqueiro ha sido, para mí, el referente a seguir, por su imparcialidad, su honorabilidad y su saber analizar los hechos de cada compañero de profesión, sin tener en cuenta su ideología política. Para don Álvaro Cunqueiro, los notarios de la información (como antiguamente se nos denominaba) sólo deberíamos ser -si en verdad deseábamos que se nos respetase- los que hiciésemos llegar a la audiencia y a nuestros lectores la realidad contrastada y sin ambajes.
Lo conocí en 1957 como redactor en plantilla del Diario “Faro de Vigo” y colaborador de “La Voz de Vigo”, donde yo había llegado como Locutor, Redactor y Sincronizador. Allí también tuve el honor de conocer a su inseparable amigo don José Martía Castroviejo con el que hizo un viaje por Venezuela, Colombia, Uruguay y Argentina (en 1958), desde donde nos fueron enviando crónicas de las costumbres y modos de vida de aquellos extraordinarios países latino-americanos.
Y curiosamente la golpeada Chile está dando estos días una lección de responsabilidad y periodismo, que ya quisiéramos para nosotros. Se está informando con sencillez, sin dramatismo, sin exageraciones de ningún tipo y... y todavía no han solicitado ayuda internacional. Y no lo solicitaron porque ese grito de “¡Forza Chile!” les basta y les sobra para hacer frente a la situación que la Naturaleza les presente. Me viene a la memoria aquel terremoto de 1977, de 9.6% en la scala “Rizter”
Es probable, me dijeron en múltiples ocasiones, que mi humilde estilo literario esté impregnado de pinceladas sacadas de sus escritos, cuando la fantasía envolvía los relatos de personajes plagados de personalidad propia y desbordante.
Por eso hoy, con 48 horas de retraso al aniversario de su desaparición física, no quiero demorarme mas en expresarle (donde quiera que se encuentre) mi eterno agradecimiento, ni de elevar al Cielo mi oración mas emotiva.
Y que mejor colofón que reproducir aquí su deseo manifestado en el homenaje que la ciudad de Vigo le dedicó un año antes (1980):
Si algún día despois de morto se quixera facer de min algunha louvanza,
e eu estivera dando erbas á nosa terra, podería decir na miña lápida:
«aquí xace alguén que coa súa obra fixo que Galicia durase mil
primaveras mais”.
Luis de Miranda
martes, 2 de marzo de 2010
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