2010.02.23
Pueden creerme que llevo unos cuantos días dándole vueltas a la cabeza sobre un tema que me molesta soberanamente y que a muchos de ustedes (a pesar de que guardan silencio), también. Antes de nada quiero dejar muy claro que en ningún momento negaré la legalidad de los hechos. Sin embargo, por mi formación y por mi sentido de la igualdad, no lo hallo justo y democrático.
Vamos a ver como le expongo esta incomodidad que siento en lo mas profundo de mis creencias.
Los coruñeses de hecho y de convicción hemos visto cómo se ha borrado del mapa la estatua del general Millán Astray, de la plaza que lleva o llevaba su mismo nombre, apoyándose en la ley de “memoria histórica”. Y se ha hecho desaparecer dicha estatua porque los políticos progresistas y los nacionalistas así lo han creído, basándose en que el general Millán Astray -fundador de la Legión española- fué un despreciable y repugnante fascista y asesino. (fascista y asesino, para ellos, significa lo mismo, como ustedes bien saben). Pues bien, si el fundador de la Legión española no merece aparecer en las páginas de la Historia reciente de nuestra Nación, ¿cómo podremos comprender que sus seguidores, sus descendientes o sus “hijos” puedan formar parte de nuestros Ejércitos?. Si al fundador de dicho ejército se le condena por haber sido un fascista asesino; lo lógico, lo comprensible, será que la Legión española siga su mismo camino. De no ser así, hay algo que se nos escapa a la razón.
Paralelamente, hay otro personaje que está siendo juzgado por motivos muy semejantes. Y este personaje se le conoce internacionalmente como Jesús de Nazareth. Porque Jesús de Nazareth, según los mismos “jueces”, ha sido un hombre que impulsó la igualdad entre sexos e ideologías, haciendo hincapié en la protección y ayuda hacia los mas débiles. Y condenó el poder por el poder, la avaricia, la mentira y la matanza de semejantes, basándose en el decálogo de Moisés.
Hoy, a las puertas del siglo XXI, los mismos progresistas y nacionalistas, están intentando borrar de la faz de la Tierra el símbolo que para nosotros, sus creyentes, sus seguidores, sus descendientes o sus “hijos” -como es la cruz- por creer que su doctrina es nociva para el desarrollo del ser humano. De ahí que se nos considere con el mismo deshonor e irrespeto que a los legionarios... Pero con una diferencia... Y la diferencia está en que el primero (o sea el general Millán Astray) ha dejado tras de sí a un ejército armado, el que y en el supuesto de que se viese acorralado, (ojalá nunca suceda) podría ocasionar un enfrentamiento nada deseable. Mientras que en el segundo caso (el de Jesús de Nazareth) las únicas “armas” que portan sus seguidores son la paz y el amor por sus semejantes. Por consiguiente a nosotros, los católicos, es fácil llevarnos de nuevo ante los leones.
Yo, desde aquí, desde este pequeño rincón de La Coruña, les pediría a los verdaderos coruñeses que reflexionasen durante un par de minutos sobre la ley de “Memoria Histórica” y sobre la imposición (de momento, legal) a la que nos vemos sometidos por quienes la redactaron y la aprobaron... y por católicos practicantes que “miran para otro lado”, sin el menor de los escrùpulos.
Pienso que si fuésemos conscientes de cuanto se nos avecina, los familiares de los legionarios y los que no escondemos nuestra creencia religiosa, buscaríamos la forma y manera -dentro de la Constitución- de apartar de nuestras Instituciones a personajes que sólo buscan el odio y la venganza de unos hechos que jamás debieron acontecer... después de haber divido España en dos bandos: los buenos y los malos.
El problema está en las mentes de estos descerebrados que no quieren pasar las páginas negras de la Historia. Y los poseedores de esas mentes, hoy tienen nombres y apellidos que también engrosarán las futuras páginas negras de la Historia de España. Porque el tiempo -ese implacable juez- pondrá a cada quien en el lugar que se merece, por no haber sabido sembrar en sus descendientes la paz y el amor que todos los bien nacidos deseamos y defendemos.
Luis de Miranda.
martes, 23 de febrero de 2010
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