2010.02.12
La noticia mas destacada en el día de ayer fue que, gracias a las disposiciones que se aprobaron hace cuatro meses por el Gobierno Central, seis mil fumadores menos han fallecido. Muy bien por los legisladores; muy bien por el Gobierno capitaneado por don José Luis Rodríguez Zapatero y muy bien por cuantos “toca pelotas” (ex-fumadores, la gran mayoría) ayudaron a perseguir a los millones de “apestados”, como están considerados los consumidores de la droga del tabaco. En una palabra, enhorabuena por esas seis mil familias que no han tenido que velar a sus seres queridos en los correspondientes Tanatorios.
Alguien me comentó en la tarde-noche de ayer que esta noticia no deja de albergar una gran dosis de inmoralidad. Y ello se debe a que, por un lado, el Ministerio de Sanidad (el que vela por la salud y supervivencia de todos nosotros) gasta millones de euros en advertirnos que el tabaco nos acerca irremisiblemente a una muerte lenta y dolorosa. Y por otro lado (oh, paradoja de la demagogia), ese mismo Ministerio de Salud no es capaz de presionar al Cuerpo Legislativo para que, de una vez por todas, legisle y prohiba la venta y consumo de la droga maldita; si, en verdad, quiere rebajar a cero las muertes por cáncer de pulmón. Pero eso no lo harán jamás -me siguieron comentando- porque con la venta y consumo de tabaco, los Hospitales, los Laboratorios Farmacéuticos, los Tanatorios y sus cafeterías, las Floristerías, los Diarios locales (con sus esquelas), los fabricantes de ataúdes, la compra o alquiler de los nichos, las Iglesias parroquiales (con sus funerales), a través de los diferentes impuestos (con prioridad el IVA) el Estado ingresa millones y millones de euros. Y ante esta buena fuente de ingresos, nadie está dispuesto a renunciar a “la pela”, como diría un auténtico catalán. Y “la pela”, señoras y señores míos, es mas importante que los miles de muertos. Al fin y al cabo a ninguno de nosotros, nadie, absolutamente nadie, nos ha obligado a encender un aromático cigarro puro o un pestilente cigarrillo. Por lo tanto, bienvenidos aquellos que se decantaron por el tabaco y sus ingresos estatales, silenciará el Gobierno.
Ahora bien, lo mas duro que he oído fué lo siguiente... y abro comillas: “mire usted, señor Miranda. Dejémonos de monsergas y llamemos a las cosas por su verdadero nombre. Si en España no está permitida la pena de muerte, para los terroristas, violadores y traidores a la Patria, ¿por qué el Ministerio de Sanidad sólo advierte de una muerte segura y no evita la venta y consumo de tabaco?... Al no evitarla, indirectamente está permitiendo la pena de muerte”... cierro comillas.
Señoras y señores, después de oír ese argumento, créanme que no hallo otro distinto que pueda rebatir al expuesto en la tarde-noche de ayer. Y quizás no lo encuentro porque ante “la pela”... la moral y la ética se diluyen como el azucarillo en el café.
En la cajetilla que tengo a mi lado rezan dos mensajes: ”Las autoridades sanitarias advierten que fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor”. Y la segunda dice: “Fumar puede ser causa de una muerte lenta y dolorosa”.
¿De verdad tienen sentido estos mensajes o son simplemente una tomadura de pelo, firmados por el Ministerio de Salud?.
Luis de Miranda.
viernes, 12 de febrero de 2010
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