2010.01.27
Un País donde sus cuidadanos no leen, es un país que siempre va a tener posturas encontradas e incontroladas. Un País, donde sus habitantes no se informan y sólo admite como cierto lo que cuatro analfabetos dicen saber, es un País sin futuro e incómodo.
Nuestra querida España, desde hace treinta años, se está llenando de generaciones que no saben adónde van, ni que hacer, porque su sistema académico en vez de formarlos los está convirtiendo en verdaderas acémilas. Y los sólidos cimientos de una Nación que se precie se solidifican a medida que sus generaciones se van preparando para coger el testigo que nosotros, los mayores, les vamos a entregar inexorablemente, ya que la madre Naturaleza tan sólo nos da un “visado de residencia” por tiempo determinado.
Las reacciones que estamos oyendo y viendo, a través de los canales de información nacionales, me avergüenzan por lo dicho (escrito) anteriormente. Y es que cuando un pueblo vive en la ignorancia -y la ignorancia es muy atrevida- no hay argumentos que les haga desistir de su torpeza.
Lo que está sucediendo en pueblos que no quieren dar cobijo a los mal llamados “residuos tóxicos” es un signo mas de la escasa o nula formación que muchos españoles tenemos... porque no nos hemos molestado en informarnos.
Dicen los “sabiondos de la incredulidad” que el almacenamiento de los residuos tóxicos producen cáncer; que las antenas de los teléfonos móviles producen cáncer; que los microondas domésticos producen cáncer, los tendidos eléctricos de alta tensión producen cáncer... y probablemente las pensiones, también. Sin embargo no dan crédito -y estos efectos si están contrastados- a que la polución de los tubos de escape de los motores de combustión; a que el tabaco, en cualquiera de sus versiones; a que el stress y el alcohol, sí producen cánceres de todo tipo. Pero no por ello dejamos se subirnos al carro del progreso. ¿Se imaginan ustedes un mundo sin motores eléctricos o de combustión?. ¿Se imaginan ustedes nuestros hogares y fábricas sin corriente eléctrica?.
Por favor. Dejémonos de idioteces y hagamos caso a nuestros científicos y a los técnicos que, día a día, estudian las reacciones de los productos que generamos y consumimos.
La seguridad de estos almacenes de residuos tóxicos (no, cementerios, como nos venden los de siempre) está tan medida y controlada que, hasta la fecha, no ha habido -a nivel mundial- un solo caso de cáncer derivado de tal radioactividad. Y esto es así porque dichos almacenes se custodian con unas medidas de seguridad técnica (el hermético sellado de los contenedores) y humana que nadie imagina.
Si de hacer hincapié se trata, lo que sí debemos exigir a nuestros responsables es que la seguridad personal de dichos almacenes esté capacitada para repeler cualquier ataque que pudiera poner en peligro la seguridad de todos nosotros, ante un atentado terrorista. Y para que ello sea positivo, se debe contratar a vigilantes debidamente entrenados y dotarlos de los medios mas sofisticados que existen en el mercado. Nada mas y nada menos.
Todas esas manifestaciones de oposición, dirigidas por los anti-sistema, no son mas que otra forma de hacer terrorismo. Claro que esta conclusión no será entendida por los ignorantes, ni por las acémilas, ni por los inadaptados a una sociedad que progresa y que busca un futuro mas atractivo que el que han vivido nuestros ancestros. Y si los nuevos avances tecnológicos los rechazamos, condenaremos a nuestros descendientes a un duro desfase con relación al resto de la humanidad.
En una palabra. Los devolveremos a la primera década del siglo XV... por no alejarme hasta la del “cromagnón”.
Luis de Miranda.
miércoles, 27 de enero de 2010
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