2010.01.26
Sigo sin entender cómo entre nuestro colectivo político levanta sarpullido el hecho de que la gran mayoría del pueblo esté pidiendo desde hace hace unos ocho años la pena de cadena perpetua revisable para aquellos horrendos delitos (como el Sandra Palo, por ejemplo), cometidos por individuos que satisfacen su placer con el dolor y el sufrimiento de las víctimas. Es más, se nos dice a bombo y platillo que España es el País de la Unión que tiene en su Código Penal los castigos más duros que ninguno de sus restantes miembros.
Aunque es muy cierto que desconozco el Código Penal y sus aplicaciones, no es menos cierto que mi ética y mi sentido común me dicen todo lo contrario: que ante violaciones y crímenes de una violencia propia de mentes desequilibradas, los españoles de bien no llegamos ni podemos comprender como estos salvajes, al cabo de unos pocos años de supresión de libertad, pueden pasear a nuestro lado y formar parte de la misma sociedad que pide a gritos una reforma a fondo de las leyes existentes.
Se nos dice también, por activa y por pasiva, que los asesinos son recuperables ante la pérdida de libertad, cuando la experiencia histórica nos demuestra todo lo contrario: los terroristas, los violadores y los que practican los asesinatos con sadismo no hay psicólogo ni psiquiatra que sea capaz de devolverlos al camino de los demás mortales. ¿Por qué?... Por una simple razón. Porque dentro de las cárceles se encuentran frente a frente con su propio “caldo de cultivo”. Y es dentro de ellas donde tienen que aprender las técnicas de la supervivencia a base de implantar la ley del terror y de adueñarse del mayor número de parcelas de poder si es que aspiran a salir algún día a la calle. Y una vez conseguido este objetivo, el sujeto que pasa a compartir con nosotros el resto de sus días, llega cargado de odio y de sed de venganza, por el tiempo perdido; ya que jamás aceptará que la Justicia le privó de libertad por no cumplir las leyes que acordó la propia sociedad, de la que ellos formaban parte.
Pues, a pesar de todo ello, los Partidos Políticos y sus legisladores siguen mirando para otro lado... no sabemos si es por miedo, si es porque pueden perder votos, si es porque sienten el menor respeto hacia nosotros o porque sus seres queridos van blindados con guarda-espaldas y no corren peligro. Por consiguiente, como no se ven afectados directamente, nuestras protestas y denuncias pasarán a engrosar el “baúl de los recuerdos”. La inteligencia es potestativa de ellos y no del pueblo. Y como ellos siempre tienen la razón y la justicia, lo que nosotros denunciemos les entra por un oído y les sale por el otro.
De todas formas, los ilusos seguiremos pidiendo la cadena perpetua con revisión para estos delitos que nos remueven las entrañas, con la esperanza de que algún día, algún legislador ponga los puntos sobre las íes.
Luis de Miranda
martes, 26 de enero de 2010
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