viernes, 22 de enero de 2010

2010.01.22
Entenderé que quienes desconocen lo que significa imparcialidad les resultará bastante difícil analizar el discurso dado, hace un par de días, por nuestro Presidente del Gobierno de España, ante los parlamentarios europeos. Y ello es debido a que vivimos en un País donde predomina el sistema presidencialista y no, el del análisis de la situación socio-política que nos toca vivir en cada momento.
¿Qué quiero decir con esto?... Que un alto porcentaje de los votantes españoles lo hacemos en función de nuestra propia ideología política y nunca, o casi nunca, en función de los programas que nos presentan los aspirantes al poder, porque no nos molestamos en leerlos.
En una palabra, que lo que nos mueve a depositar nuestro voto es el fanatismo. Y el fanatismo, señoras y señores, es un arma muy peligrosa, pues no sólo daña nuestros propios intereses, sino el de todos nuestros conciudadanos. Y una vez realizado el escrutinio final y analizando el comportamiento de los representantes del Partido ganador y, por consiguiente, el de quienes ocuparán los mas delicados puestos de gobierno, llegaremos a la conclusión de que nos hemos equivocado... y ya no hay marcha atrás, hasta una nueva convocatoria. Con lo cual, hemos caído en la red implacable de la decepción, del dichoso fanatismo y condenamos a la Nación a un fracaso estrepitoso y cuyas consecuencias son obvias: pérdida de poder internacional, pérdida de prestigio y pérdida de progreso. O mas aún, a lapérdida de crédibilidad en el sistema.
Tenemos que ser conscientes de que cada vez que nos permiten ejercer la posibilidad de reemplazar un Gobierno que nos ha traicionado, según consta en el programa electoral que nos han dado, debemos hacerlo con arreglo a nuestra conciencia; jamás, por fanatismo u obediencia. Y si eso hacemos, nos daremos cuenta de que seremos muchos, muchísimos más los coincidentes. Y a mas coincidentes; menor será el riesgo de equivocarnos.
¿No creen ustedes?.
Pues, apoyándome en estas bases, sigo pensando que el discurso de don José Luis Rodríguez Zapatero me causó vergüenza ajena. No es posible que, mientras cinco millones de conciudadanos han perdido toda posibilidad de futuro, arrastrando a sus familias a una vida precaria, el señor Presidente del Gobierno de España les anuncie al resto de la Comunidad europea que el porvenir está en el coche eléctrico y en las ayudas sociales.
El pueblo, señor Rodríguez Zapatero, lo único que pide es trabajo y una vivienda digna. Y eso, como dice nuestra Constitución, es usted quien tiene que solucionarlo. Y para que ello se haga realidad, tiene que adoptar medidas precisas, aunque algunas de ellas, en principio, no sean populares.
Bájese, por favor, de esa nube de fantasías trasnochadas y coja al toro por los cuernos. Quizás así, no le recordaremos como el peor Presidente que tuvo España desde hace mas de doscientos años.
Luis de Miranda

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