2010.01.13
¿Recuerdan ustedes aquella canción de los “Hermanos Toneti”, que comenzaba con “había una vez un Circo...”. Pues, por las informaciones que se van recabando a través de Internet y de la Prensa extranjera, lamento que a nuestro Presidente del Gobierno de España y a nuestro Ministro de Asuntos Exteriores los traten como si fuesen los componentes de una “troupe” circense. Porque mientras sean nuestros representantes legales -que fueron elegidos por el pueblo español mediante unas votaciones limpias- jamás permitiré que ningún otro europeo que no tenga la nacionalidad española los menosprecie o se haga burla de ellos. Otra cosa muy distinta es que no estén de acuerdo con las decisiones que intentan llevar a cabo; siempre y cuando se hagan con el mayor de los respetos. Y otra cosa, mucha más distinta a la anterior, es que nosotros los españoles, los que pagamos nuestros impuestos en la piel de toro, les critiquemos sus argumentos y sus promesas: las que nunca o casi nunca se llevan a cabo. Pero ese es nuestro problema.
Lo que exigimos, siempre que se hallen fuera de nuestras fronteras, es que se les guarde idéntico respeto que a los demás componentes que conforman el Parlamento Europeo; puesto que don José Luis Rodríguez Zapatero, así como todos cuantos forman parte del Gobierno de España, son políticos que gozan, de momento, de la representación nacional.
Hasta aquí es cuanto deseo dejar claro y, probablemente, deseamos la gran mayoría de los jornaleros de estos incomprensibles 17 hatos... o de las 17 “naciones”, como las hacen llamar los separatistas o anti-españoles.
Quiero añadir -en régimen interno- que parte de esas descalificaciones se las han ganado a pulso, al intentar imponer en el resto de la Unión una forma de Gobierno al estilo “bananero”: nada de consultas previas, nada de sugerencias por parte de los demás Partidos Políticos, cero contactos -sin fotos oficiales- con el principal dirigente del primer Partido de la oposición, ninguna gestión administrativa, ni publicidad estatal, ni declaraciones a los medios de comunicación que no sean afectos al régimen, nada de Sindicatos independientes, una lealtad obligada a los distintos estamentos oficiales, etc., etc., etc.
Y como es natural y de fácil comprensión, estas no son las maneras compatibles con la idea de la Unión Europea; puesto que -aunque estemos encuadrados en el grupo “bigs”- el futuro de la Unión es otro completamente antagónico. De ahí que tengamos necesidad de salir en defensa de nuestros representantes, quienes todavía sabemos aceptar las leyes del juego, aunque muchas veces tengamos que recordarles que deseamos que, mas pronto que tarde, se implante una democracia, como Dios manda: esa que disfrutan algunos Países de nuestro entorno civilizado.
Luis de Miranda
miércoles, 13 de enero de 2010
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