2009.12.28 (Carta al Rey)
Reconozco de antemano que en esta fecha de los Santos Inocentes no es la apropiada para dirigirme a S.M. El Rey de todos los españoles. Pero es que mi conciencia y mis preocupaciones no me permite demorar por mas tiempo cuanto está sucediendo en torno a la figura de vuestra Majestad.
Vuestro mensaje de Navidad, a través de distintas Emisoras de Radio y Televisión me pareció patético. Y me pareció patético por dos razones:
La primera, por permitir que vuestros buenos deseos hayan tenido que pasar, como en años anteriores, por la censura del Partido en el poder; cuando a los cuatro vientos nos dicen, una y mil veces, que vivimos bajo un sistema democrático.
Y la segunda razón, porque -y como simple ciudadano español- no Os está legitimado expresaros en función de vuestra conciencia y honor; cuando el que Os habla y remite este humilde escrito, sí puede hacerlo.
Vos sabéis, Majestad, que siempre he defendido que nuestra Casa Real pasase a ocupar por tiempo indefinido la responsabilidad del Ministerio de Asuntos Exteriores (ocupe quien ocupe la tan codiciada Moncloa); ya que la figura que representa nuestra Casa Real, a nivel internacional, no es indiferente para la gran mayoría de los Países que conforman la política de los cinco Continentes. Y no sólo no es indiferente, si no que se ha hecho acreedora de un respeto y admiración, jamás igualado por nadie. De ahí que, ante cualquier litigio internacional, muchísimas Naciones y muchísimos españoles solicitaríamos la imparcial intermediación de nuestra Casa Real, debido -como dije anteriormente- a la experiencia y a la formación moral de la que otros carecen. Y sin embargo a Vos, Majestad, este “potaje” político Os está tratando como al “chico de los recados”, según opinamos quienes desconocemos ciertas leyes y quienes no sabemos adonde conducen los recovecos de la política de estos 17 hatos: los que antiguamente conformaron una Nación llamada España. Y lo que mas nos ha dolido recientemente a los españoles bien nacidos es que se haya negado al Sucesor de nuestra Casa Real -el Príncipe de Asturias- a acudir a la toma de posesión de un Presidente que ha sido elegido democráticamente por el pueblo hondureño.
Para terminar, Majestad, Os confesaré que no soy monárquico ni partidario de que sigan existiendo Monarquías. Me confieso un liberal respetuoso con el sistema que la mayoría de un pueblo ha elegido en su día, aunque no lo comparta. Aunque en esto de compartir, creo que habemos muchos mas de lo que nuestros políticos creen. Y es que todavía no somos capaces de asimilar que los Albertos no hayan ingresado en prisión, así como los responsables del barrio de “El Carmelo” de Barcelona; ni quienes han destruido las pruebas de la mayor masacre terrorista de Europa, en aquel maldito 11-M y las del helicóptero de Afganistán; ni quienes siguen tildando a José María Aznar de asesino, cuando no existen pruebas para demostrarlo; ni para quienes tratan a nuestros Ejércitos como si fuesen apestados; ni para quienes son los responsables de esas pobres gentes que pagaron sus billetes de avión y que siguen tirados por las salas de espera del aeropuerto de Barajas; ni los que están violando -día, sí; y día, también, artículos de nuestra Constitución; etc., etc.
Cuando una Nación, como la nuestra, está preocupada por la no independencia del Poder Judicial; cuando nuestro Jefe del Estado quedó reducido a un mero personaje decorativo; cuando nosotros, sus habitantes, no creemos en nuestros políticos y cuando el fantasma del paro masivo está corroyendo nuestros hogares, sin que nadie mueva un dedo, ¿qué futuro les espera a nuestros descendientes, Majestad?.
Perdóneme, una vez mas, Majestad, mis inquietudes y las de millones de españoles de bien. Y ojalá que un día no muy lejano, alguien tenga la valentía de exponer con todo respeto lo que anteriormente vengo de leer (escribir) por el bien de España y de sus moradores.
Luis de Miranda.
lunes, 28 de diciembre de 2009
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