jueves, 24 de diciembre de 2009

2009.12.24
Me acuerdo cuando las guerras eran de verdad (la última nuestra y la segunda mundial) tal día como el de hoy se declaraba y respetaba un “¡alto, al fuego!”. Y es que la cultura que recibió Europa y que extendimos por los cuatro Continentes restantes fue que un día llamado 24 de diciembre del año 1 (en la numeración romana no existe el “cero”) nacía el bebé que -convertido en adulto- sacrificó su vida en pos de su creencia (33 años mas tarde), cual era: salvarnos a nosotros. O sea que aquel hombre nos mostró el camino del amor... por el amor, creyendo y haciéndonos creer que si seguíamos su senda y desechábamos el odio y la violencia, la convivencia multi-generacional estaba garantizada.
Partiendo de esta premisa, hoy no quiero ser quien manche una fecha tan inmaculada, como es la Navidad, aireando ciertos comportamientos humanos que nunca aplaudiremos. Pensaré o imaginaré a aquel carpintero y a aquella jovencita recorriendo los 16 áridos kilómetros que separan Jerusalén de Belén en busca de un refugio donde parir al que llegó a ser el mayor revolucionario de la humanidad.
Pues, como gesto de respeto a su memoria, hoy quiero enviarles mi humilde tarjeta de paz y amor para todos ustedes. Que la reunión que mantendremos, dentro de pocas horas, con nuestros seres queridos sea grata y reconciliadora y que aquellas faltas involuntarias que hayamos podido cometer en el transcurso de este año que fenece nos sean perdonadas por los ofendidos.
¡Que Dios, aquel Dios o su Padre nos bendiga siempre!.
Luis de Miranda

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