martes, 22 de diciembre de 2009

2009.12.22
Ayer tarde escuché un reportaje y una entrevista que le hicieron a una señora (que por aquel entonces sólo contaba 13 años) que tenía un décimo del premio gordo de Navidad de 1948 (cuyo número fue el 26.664) y cuyo premio ascendió al millón y medio de pesetas (o sea, 9.000 euros). Claro que tendría que esperar a cumplir los 21 años, para poder cobrarlo. Pero no sucedió eso, ya que sus padres lo cobraron y le abrieron una cartilla a su nombre.
¿Qué suponía aquel premio y que se podían comprar por un millón y medio de pesetas?... Pues, nada más y nada menos que diez pisos. Sí, sí. ¡Diez pisos!. Y si se inclinaba por comprar coches, con aquella cantidad se podían comprar CUARENTA coches. Sí, sí, han oído bien. ¡CUARENTA coches!.
Fíjense ustedes como cambian las cosas. En aquellos años del hambre la Hacienda Española, a través del Sorteo que se celebró hoy, con un simple décimo sacaba a una familia del hambre y les dotaba de dinero suficiente para toda la vida; ya que el premio, porcentualmente, era mucho mas social que en la actualidad.
Hoy, sin embargo, a esas personas que andan dando saltos de alegría y chillan como posesos porque tienen un décimo del premio gordo de hoy, sólo podrán comprarse un piso en una ciudad como la nuestra... pero en un barrio obrero; ya que en el Paseo Marítimo les sigue estando prohibido. Y si se quieren comprar coche pues podrán llegar a las 20 unidades... pero modelos utilitarios.
Conclusión. Que esto no tiene arreglo. Que cada año que pasa los gobernantes se vuelven mas y mas “glotones”; que los “funcionarios” necesitan conocer nuevos Continentes, nuevos Hoteles, nuevas tarjetas de crédito y nuevos saldos bancarios... En fin, que hasta hace unos minutos o unas horas, (depende en qué lugar se hallan) cada uno soñó despierto y se imaginó dando saltos ante las cámaras de televisión y mojando con gaseosa catalana a todo bicho viviente que pasaba por el lugar... mientras hacía un viaje alrededor del mundo, en un coche deportivo y último modelo, el que aparcará delante del chalet que piensa comprarse... Y todo esto, sin pagarle un sólo euro a la Hacienda Española- ¿Y saben por qué?... Porque hasta que las izquierdas lo permitan, los sueños no cotizan a Hacienda.
A quienes les tocó la suerte, como a los que nos hemos quedado en el mundo de los sueños, mucha salud para todos.
Luis de Miranda

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