jueves, 10 de diciembre de 2009

2009.12.10
Dije ayer y me reitero hoy, que el problema que está generando a nivel nacional e internacional, la activista saharaui Aminatu Haidar, no es como para adoptar la postura del avestruz.
He oído y seguiremos oyendo a los progresistas, a los anti-españoles y a los radicales que si se muere esta señora, la responsabilidad es de ella y sólo de ella, puesto que nadie la obligó a tomar tal determinación. Otros -siempre dentro de esos mismos- aprovecharán esta delicada situación para arremeter contra los demócratas y contra la derecha española. Pero lo que no dicen o han olvidado los pro-gubernamentales es que esta señora fue desterrada de Marruecos y enviada a España, en contra de su voluntad. Entonces, ¿por qué se permitió la entrada en nuestro País a esta activista?... Sabíamos o deberíamos saber que si ese desembarco tenía lugar -como así lo tuvo- la “patata caliente” que tenía Marruecos entre sus manos, pasaría a las nuestras automáticamente y sin visas de solución, como se está demostrando.
Si recordamos un poco la historia del Sahara Español y de la cobardía que se cometió, por nuestra parte, con aquellos ciudadanos españoles, al final del mandato del régimen de Francisco Franco, lo que está reivindicando Aminatu Haidar es que la ocupación de aquel territorio, por parte de Marruecos, ha sido ilegal. Por lo tanto, ni ella ni cuantos quedaron abandonados a su suerte son súbditos marroquíes.
A nivel personal creo que esta señora tiene todo el derecho del mundo a regresar a su hogar. Y si no lo hace, porque la muerte ha sido más rápida en su gestión, la responsabilidad política será exclusivamente del Gobierno de don Jose Luis Rodríguez Zapatero, por un sola razón: por haber violado la ley de extranjería, al permitirla entrar en territorio español sin pasaporte. Y con mucho más delito moral, sabiendo que la desterraban de Marruecos y que ella no quería que la trajesen a España.
De todas formas, para muchos progresistas, agnósticos, ateos y “medio-pensionistas”, un muerto mas o un muerto menos... qué importa. Más cayeron en Paracuellos del Jarama y jamás pidieron perdón, por ello.
Luis de Miranda.

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