miércoles, 25 de noviembre de 2009

2009.11.25
Me gustaría comenzar uno de mis mas de mil comentarios diarios que llevo escritos y leídos ante los micrófonos de Radio Social Atlántico de La Coruña, felicitando a tal o cual dirigente político, sea del Partido que sea. Pero, la tozuda realidad, me lo impide.
Verán ustedes... Supongo que, al igual que un servidor de ustedes, habrán oído en el día de ayer a nuestro Presidente del Gobierno de España cuando dijo, sin el menor de los recatos que “ya hemos comenzado la recuperación”. Si bien es cierto que no nos ha confirmado si era a partir de hoy, de mañana o sabe Dios cuando.
Pues, ante tal afirmación -supongo que basándose en las dos tardes de estudios económicos que le regaló el señor Caldera- ¿qué quieren ustedes que les diga?... Lo único que recuerdo, después de escucharle, es que me acerqué hasta el cuarto de baño y me miré al espejo. ¿Por qué me miré al espejo?.- seguro que se estarán preguntando... Me miré al espejo para comprobar si estaba en la lista de disminuidos psíquicos o si todavía mi cerebro se regía dentro de los parámetros normales.
Quiero entender -aunque sin comprender- que a los fanáticos socialistas, dicha declaración, les haya llenado de orgullo político. De ahí que le hubiesen aplaudido y victoreado como posesos. Pero me gustaría ver y escuchar las reacciones de los cuatro millones y medio de parados... así como la de los quinientos mil que faltan para pasar a engrosar las listas del INEM.
Por los años que llevo acumulados y por las experiencias que fui sumando al lado de políticos de distintos Países y de diferentes ideologías, pienso que los españoles de bien no se merecen una información de tanta transcendencia.
Entiendo, por otro lado, que en política y en el amor todo está permitido... pero con las limitaciones que en cada momento se nos presenten. El lanzar a los cuatro vientos una desinformación de ese calibre ni es justa, ni moral. Y no lo es porque mientras sigan pasando a las listas del paro cinco mil asalariados, por día y durante unos doce o trece meses más, ningún responsable que se precie puede, ni debe, subirse a una tarima y engañarnos a un colectivo que está sufriendo en sus propias carnes un futuro sin esperanza inmediata.
Lo peor de todo esto no es que nos haya engañado, don José Luis Rodríguez Zapatero, sino que siga teniendo el apoyo de once millones de fanáticos; a los que les importa un bledo que el 20 ó 22% de nosotros nos vayamos a la santísima calle... y sin ninguna posibilidad de volver a firmar una nómina.
Sólo esos votantes abandonarán su lealtad al Partido cuando en sus familias se presente el fantasma del paro. Pero, para entonces, será -quizás- demasiado tarde.
Luis de Miranda

No hay comentarios:

Publicar un comentario