2009.10.27
¿Alguien se atreverá a decirle y demostrarle a don Mariano Rajoy que él, como aspirante a gobernar a todos los españoles, no está capacitado ni aceptado por el pueblo español para ocupar tan alta responsabilidad?...
El problema de las dictaduras internas de los Partidos Políticos es que aquel o aquellos que tengan la osadía de no aplaudir y no bendecir las imposiciones del más alto dirigente, automáticamente quedan borrados de las listas que les catapultaría a ocupar posiciones de pequeños dioses locales o nacionales. Y eso -a nivel humano- es una apuesta muy arriesgada y por la que nadie quiere apostar. Porque cuando uno se inscribe o abraza un Partido Político, lo hace por dos motivos: el menos generalizado es el de que quiere hacerse o convertirse en un defensor del progreso y bienestar de los españoles, entregando horas de esfuerzo a cambio de la satisfacción del deber cumplido; y la otra, más generalizada, es la de ser “un trepas” que lo único que lo mueve es el obtener unos suculentos ingresos que lo conviertan, de la noche a la mañana, en otro potentado mas de sociedad actual.
Dejando este preámbulo de lado, es lamentable el espectáculo que el pueblo español está presenciando, a costa de don Mariano Rajoy: un directivo al que el Partido Popular se le está yendo de las manos. Un caballero contra el que no tengo nada que reprocharle como persona que me merece todo el respeto; pero sí como aspirante a la Presidencia del Gobierno de España. Y ahora cuando las encuestas lo devuelven a los inicios, resulta que el señor Rajoy está interesado en aclarar el caso “Faisán” porque -según sus declaraciones- los españoles se merecen conocer, con transparencia, todas las actuaciones que puedan poner en duda la seguridad del estado. Sin embargo, para quienes no tenemos acceso a las mas altas decisiones nacionales ni estamos preparados para comprenderlas, nos preocupa que don Mariano Rajoy haya mirado para otro lado y no haya ahondado en el atentado de los trenes de Atocha y que costó la vida de doscientos viajeros y que hirió gravemente a cerca de mil quinientas personas.
Pero claro, a estas alturas de la película, el agua pasada ya no mueve molino. Lo que importa ahora, con las elecciones a la puerta de casa, es la traición a la patria que cometieron quienes estuvieron aquel día en el “Faisán”... y eso sí que puede dar votos.
Los muertos, por desgracia, ya están enterrados: mientras que el poder sigue vivo y coleando.
Luis de Miranda.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
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