2009.10.23
En la sección del día de ayer “Cartas al Director”, en el Diario “La Opinión”, he podido leer la remitida por don Javier J. Álvarez, desde nuestra ciudad, con la que no puedo estar más de acuerdo con él. Es tan coincidente con mi formación profesional y ética que, punto por punto, los subrayo. Y de todos ellos, destaco el siguiente: “Un político que no respeta a los ciudadanos y además los insulta debería estar incapacitado para seguir en el puesto o pertenecer a la clase política. Porque respeto y educación son dos principios que jamás debe olvidar un político”.
Chapeau, don Javier. Quiero creer que cuantos coruñeses de bien hayan leído esas líneas suyas habrán sentido la necesidad de felicitarle. Mi ventaja, sobre ellos, es que tengo acceso a este medio de información, que me permite lanzar a las ondas, y por medio de Internet, el sentir mas profundo de una educación heredada de nuestros ancestros, como es la de aquellos que no aprobamos las manifestaciones radicales y que están fuera de la verdad histórica.
El grave problema que tenemos en la actualidad con estos radicales separatistas es que no aceptan las bases de una democracia. Y lo que me exaspera es que tampoco aceptan la ideología de la izquierda moderada, cuando hemos tenido y tenemos ciudadanos de izquierdas que merecen nuestro respeto y comprensión.
Si por casualidad usted, don Javier Álvarez, me estuviera escuchando, le invito a entrar en mi página web y en ella descubrirá lo que escribo sobre estos impresentables. Y digo impresentables, porque, para mí, un político es justo la antítesis de lo que estos analfabetos políticos proclaman.
Por añadidura, debemos destacar que los tertulianos socialistas que acuden a las Emisoras de Radio y/o Tv -afectas al régimen- están adoptando una postura muy similar, ya que cuando otro u otra invitada argumenta algo que no está en sintonía con La Moncloa, inmediatamente los fanáticos a sueldo entran en antena para no dejar oír los argumentos que está expresando la persona que sí tiene el “derecho de palabra”. Y el director o directora del programa se hace “el o la no enterad@”, reventando así la tertulia.
De todas formas, mi querido don Javier Álvarez, estos son los que conforman una parte vergonzosa de nuestra representación política. La esperanza que nos queda a los que no respiramos como ellos es que la gente de bien -a través de las urnas- los aparte definitivamente hasta que alguien les enseñe el camino de la democracia y el respeto. Y una vez aprendida la lección, no tendremos inconveniente en que regresen a donde nunca deberían haber estado: en el poder.
Luis de Miranda
lunes, 26 de octubre de 2009
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