2009.10.16
Ya estamos al sur de otra semana y de nuevo se me hiela la sangre al pensar en los nuevos cadáveres que ingresarán en los Tanatorios gallegos, por culpa de los excesos de alcohol, de las drogas de diseño y la velocidad.
Me duele tener que recordar estos accidentes (siempre evitables si cumplimos con las normas de seguridad vial), pero mi obligación, como medio de comunicación social, es la de difundir esa prudencia exigible cuando nos ponemos frente a un volante de un vehículo. Y pienso que debo hacerlo de la manera más cruda posible, ya que, aunque nos duela el oído, es el único idioma que conozco para que me haga entender.
Entiendo que, como padre de otras generaciones, el hacerles comprender a los jóvenes y a los no tan jóvenes que la alegría, el alcohol y las distracciones no son nada aconsejables en la conducción... es algo que, pareciera, semejar a arar en la mar. Más, y a pesar de ello, no me rindo y seguiré insistiendo -cual disco rayado- que a los Tanatorios jamás les faltará trabajo, debido a las enfermedades incurables y a la llamada “ley de vida”.
Y hablando de vida y del derecho a ella, quiero recordarles -a aquellos que puedan- que mañana, a las cinco de la tarde, en la Puerta del Sol de Madrid, arrancará la gran manifestación por “el derecho a la vida”.
Espero, esperemos, que de una vez por todas los españoles de bien que acudan a la capital de España dejen muy claro lo que entendemos por el “derecho a nacer”.
Luis de Miranda.
viernes, 16 de octubre de 2009
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