2009.08.11
Una vez que el señor Rodríguez Zapatero se decidió a entablar una lucha abierta contra nosotros -los católicos, apostólicos y romanos- con la prohibición del crucifijo y de los belenes, en Navidad (signos inequívocos nuestros) en todos los colegios públicos, más los subvencionados, más los edificios ocupados por las gentes de la izquierdas, espero que tenga la misma valentía de prohibir las procesiones de Semana Santa, así como todas cuantas se celebran en las distintas comarcas españolas. Aunque los andaluces -la gran cesta de votantes del PSOE- lo único que echarían de menos serían los grandes ingresos que generan tales muestras de fe, por parte de los creyentes, ya que sus ídolos políticos son incompatibles con esas muestras teatrales que, año tras año, interpretan con un fanatismo que pocos entendemos y comprendemos. Puesto que si fuesen creyentes de verdad, no podrían venerar a quienes están haciendo todo lo posible por desterrar, de una vez por todas, toda creencia que lo único que preconiza es la hermandad y el amor entre hermanos.
Yo, en verdad, a veces creo que estoy viviendo una enorme pesadilla debido a las decisiones que este gobierno del PSOE ha y está tomando, mes sí y mes, también. Porque sigo pensando (ignoro si ustedes están o no de acuerdo conmigo) que, de un corto espacio de tiempo para aquí, las decisiones y las proposiciones que se nos están imponiendo al 50% de la población española son -ojalá me equivoque- para acentuar de nuevo aquella vieja realidad de “las dos Españas”; y de esa manera, regresar a los malditos años 30 del siglo pasado. Es como si se quisiera -espero que no- provocar lo que ninguna de las dos Españas quisiera volver a revivir.
Luis de Miranda
martes, 1 de septiembre de 2009
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